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ANALISTAS 22/04/2026

Somos los más optimistas sobre la IA y los menos preparados

Santiago Jiménez Londoño
Economista, MsC en Ciencias Naturales y Matemáticas y Doctor en Filosofía

Hasta 75% de los colombianos cree que la inteligencia artificial mejorará la economía del país. El promedio global es 36%. La brecha es de 39 puntos. Ningún otro país encuestado por Ipsos en 2025 muestra una distancia tan grande entre lo que espera y lo que el mundo promedia.

Pero el AI Index Report 2026, publicado en abril de 2026 por la Universidad de Stanford con nueve capítulos y más de cuatrocientas páginas de evidencia, pone esas expectativas contra la pared. Colombia aparece siete veces en el informe. En educación, los datos son buenos: el país graduó 14.867 estudiantes de programas cortos en tecnologías de la información en 2023, quinto lugar mundial según la Ocde.

Las maestrías en el mismo campo crecieron 34,5%, el mayor salto porcentual entre los diez primeros países. Y 66% de los colombianos confía en que su gobierno regulará bien la IA, doce puntos por encima del promedio global y más del doble que Estados Unidos. Capital humano y confianza institucional: dos activos que pocos países del sur global tienen al mismo tiempo.

El problema es lo que viene después. América Latina tiene exactamente dos clusters de supercomputación de IA estatales. Europa pasó de tres a 44 entre 2018 y 2025. Medio Oriente tiene ocho. La región entera opera con la infraestructura soberana más débil del planeta.

El informe introduce por primera vez un marco de cinco dimensiones para medir la soberanía de IA: infraestructura de cómputo, datos, modelos, aplicaciones y talento. En todas, el Global Sur tiene calificación crítica o media. Colombia tiene talento. No tiene dónde ponerlo a trabajar.

Y aquí el informe revela algo que no es sobre Colombia, pero que debería preocuparle más que cualquier ranking. El empleo de desarrolladores de software entre 22 y 25 años cayó casi 20% desde 2024 en Estados Unidos.

No porque haya menos demanda de software, sino porque la IA reemplaza primero lo que los juniors hacen: código básico, soporte, contenido repetitivo. Los seniors crecen. Los que entran, no entran. El informe lo llama la frontera irregular de la inteligencia artificial: un sistema que gana medallas de oro en olimpiadas de matemáticas, pero no puede leer un reloj analógico. Donde puede, desplaza. Y desplaza primero al más joven.

Colombia gradúa más técnicos y magísteres en tecnología que casi cualquier país de su tamaño. Y los gradúa hacia un mercado que ya está cerrándole la puerta a la generación de entrada. Formamos talento para un ecosistema que no controlamos, con herramientas que no fabricamos, sobre infraestructura que no existe.

Leibniz -otros dirán que Newton- soñó con un lenguaje formal capaz de resolver cualquier disputa mediante cálculo. La IA generativa se parece a ese sueño. Pero Leibniz sabía algo que el optimismo colombiano olvida: el cálculo sin fundamento produce respuestas sin verdad.
La confianza sin infraestructura no es estrategia. Es fe.

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