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ANÁLISIS 19/09/2026

Repeticiones en el aula en la era de la IA

Santiago Jiménez Londoño
Economista, MsC en Ciencias Naturales y Matemáticas y Doctor en Filosofía
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Colombia es, entre los países de América Latina que participaron en Pisa 2025, el de mayor uso semanal de inteligencia artificial para aprender, pues 56% de los jóvenes de 15 años recurre a un chatbot al menos una vez a la semana, frente a 46% de la Ocde, y apenas 6% nunca o casi nunca lo hace. En las tareas que midió la prueba, publicada el 8 de septiembre, 39% le pide al modelo que resuma el texto que debía leer y otro 39% que redacte el escrito.

Al mismo tiempo, apenas 46% alcanza el nivel mínimo en lectura, el que permite reconocer la idea principal de un texto de mediana extensión, y 29% lo logra en matemáticas.
La Ocde encontró algo que merece leerse despacio, porque quien usa la inteligencia artificial con un propósito general, para ayudarse a aprender, rinde parecido a quien no la usa, y la diferencia aparece cuando la máquina hace el ejercicio.

En el promedio de los países, los estudiantes que le piden resumir, redactar o investigar obtienen unos 20 puntos menos en ciencias, casi un año de escolaridad. Es una asociación y no una causa probada, y también puede ser que quien más tropieza más delegue, pero señala dónde mirar.

El problema no es la herramienta, es lo que se deja de repetir.

El filósofo francés Gilles Deleuze abre Diferencia y repetición con una advertencia: la repetición no es la generalidad, pues esta trata casos intercambiables y aquella concierne a lo que no se sustituye. Retomando a Hume, sostiene que repetir no cambia nada en lo repetido y sí cambia algo en quien repite, de modo que nadie aprende a nadar imitando en la arena los brazos del maestro, sino volviendo al agua frente a una ola que nunca llega igual, y por eso no aprendemos con quien nos dice «haz como yo», sino con quien nos dice «hazlo conmigo».

Un modelo de lenguaje es una máquina de generalidad, que devuelve lo más probable, el promedio de millones de textos, y entrega el resumen correcto, pero no la repetición que ese resumen exigía: leer mal, volver, subrayar, equivocarse de idea central y corregirla, porque de ese trabajo sale un lector.

En Algoritmos deshumanizantes sostengo que el individuo es incomputable, y en el aula esa tesis tiene una forma concreta, pues lo que ningún sistema puede calcular es la diferencia que cada repetición deja en quien la hace, y delegarla suprime justamente al sujeto que se estaba formando.

Hay una ironía, porque este es un país que sabe hacer repetir el año como sanción y, al mismo tiempo, está dejando de repetir lo que forma.

Lo veo cada semestre, cuando el ensayo llega a tiempo, pulido, sin las marcas de haber sido escrito, y el estudiante no copió, sino que tercerizó la repetición que lo habría convertido en alguien con criterio.

Pisa apunta en la misma dirección, porque quienes usan la IA con frecuencia y, además, aprenden en clase a evaluar lo que genera el modelo, rinden un poco mejor, de modo que la escuela todavía puede exigir el trabajo que la máquina no hace.

¿Qué tareas de su clase existen precisamente para formar juicio? ¿Quién las está haciendo hoy, el estudiante o el modelo? ¿Su plan de adopción de IA las distingue de las que sí conviene automatizar?

Automatice lo que el estudiante ya domina, proteja lo que todavía le enseña, mida el aprendizaje y no solo la entrega, y recuerde que la misma pregunta le sirve a un rector y a quien forma gente.

La máquina repite sin diferencia, el criterio es la diferencia que deja haber repetido, y ese trabajo no se terceriza.

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