De acuerdo con la reciente publicación de Pitchbook, en 2017 la inversión en emprendimientos latinoamericanos cerró en US$1.000 millones. Esta cifra se duplicó a US$2.400 millones en 2018 y en lo que llevamos de 2019 dicha cifra ya fue ampliamente superada.

Según Bloomberg, Softbank, uno de los fondos de inversión más grande del mundo, tiene planes de invertir en los próximos años US$4.000 millones en emprendimiento para la región. No obstante, ha mencionado que de los 300 emprendimientos en los que planea invertir, 200 son brasileros y 100 en el resto de Latinoamérica. Lo que significa que Colombia debe hacer mayores esfuerzos para convertirse en un país atractivo para los fondos de inversión, y gran parte de esto, se logra con marcos regulatorios que promuevan el desarrollo óptimo del emprendimiento.

Es así como nos encontramos en el mejor momento para emprender y contribuir a los objetivos de desarrollo del país, entre ellos, la generación de empleo. Es el Gobierno quien cuenta con un papel fundamental para articular lo público con lo privado, a través de regulaciones adaptadas a esta nueva realidad.

Para el caso específico de Bogotá, la Secretaría Distrital de Movilidad (SDM) publicó la Circular 011-2019, en la que establece las reglas para la operación del servicio de patinetas eléctricas. Este excesivo proceso regulatorio, terminó siendo un ejercicio individual realizado por la SDM con supuestos fácticos que no eran aplicables al mercado de la micromovildiad.

Lo anterior evidencia el uso de un método tradicional de regulación que no contempla la necesidad de articularse con los emprendimientos, que conocen de primera mano el comportamiento de los usuarios, el modelo de negocio y del mercado.

Prueba de esto, es que la SDM impuso un límite de parqueo de 3.050 patinetas para Bogotá, cuando actualmente hay circulando más de 10.000, con las cuales se realizan 18.000 viajes diarios en la ciudad.

Además de un cupo que impacta las opciones de transporte que tienen los bogotanos para movilizarse, la SDM impuso un cobro excesivo de $350.000 por patineta.

Esto es un claro incentivo al uso del carro, ya que encarecerá el servicio de alquiler de patinetas y es contrario a la tendencia mundial de la promoción de movilidad sostenible.

Lo anterior, además de afectar las actuales y futuras inversiones en emprendimientos en el país, afecta directamente a los bogotanos que requieren medios de transporte eficientes y amigables con el medio ambiente. De hecho, en el caso de Grin Colombia, ya se superó ampliamente el millón de viajes en tan solo nueve meses de operación, lo que significa un ahorro aproximado de 500 toneladas de CO2, la generación de 350 empleos directos y la mejora en la congestión de la ciudad.

Es lamentable que la SDM ponga en esta encrucijada a tantos bogotanos que han optado decididamente por el cambio en la ciudad y por el emprendimiento en el país. Para las empresas innovadoras y para los emprendimientos de plataformas tecnológicas, aún queda el recurso de hacer valer sus derechos a la libre empresa y a la competencia, sin perder la esperanza de que las nuevas autoridades comprendan mejor los desafíos que impone el cambio tecnológico y aprovechen las oportunidades que ofrece una nueva era de servicios de micromovilidad sostenible.