miércoles, 8 de julio de 2020

Más columnas de este autor Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

La vulnerabilidad económica que rodea hoy al mundo entero ha originado generosas medidas fiscales, financieras y monetarias por parte de los países para hacer frente a las dificultades de hogares y empresas. Estos desafíos se han venido exacerbando en un entorno de crecientes tasas de desempleo, consumo interno débil y presiones sobre el flujo de caja ante el freno súbito de la actividad económica. Dada la necesidad de proteger el aparato productivo, se han instaurado distintas medidas para garantizar el acceso a la financiación formal a tasas más bajas e incluso con garantías estatales, alivios financieros y líneas especiales para atender gastos de nómina y capital de los sectores productivos.

Muchas de estas medidas, bajo un escenario de desaceleración, propician un incremento de las llamadas firmas “zombis”, una categoría de empresas que se caracterizan por tener dificultades en el mediano plazo para sostener sus niveles de apalancamiento con las ganancias percibidas, generando vulnerabilidades financieras en la economía por su baja solvencia.

Además, frente al entorno de tasas bajas de la última década en el mundo, su permanencia en el mercado se ha prolongado y, como consecuencia, han estado acumulando recursos que podrían ser aprovechados por firmas con una mejor situación financiera.

En la última década, se ha observado un incremento en su participación en las principales economías, pasando de 14% en 2008 a cerca de 20% en 2018, lo que ha prendido las alarmas en países desarrollados y en algunos emergentes como China e India. Si bien estos países han adoptado distintas políticas encaminadas a frenar su expansión, algunas relacionadas con incentivar la competitividad en los sectores más afectados y agilizar los procesos de bancarrota, no han sido del todo exitosas en la reducción de su participación en el mercado.

América Latina no ha sido ajena a dicha problemática, todo ello en un contexto de políticas acomodaticias y mercados caracterizados por una baja competencia y pocos incentivos a implementar innovaciones. El alto grado de informalidad que caracteriza a la región, aunado a una baja profundización en los mercados de capitales, ocasiona que la disponibilidad, fiabilidad y seguimiento de los datos financieros sea una difícil tarea para analizar el entorno organizacional.

Por supuesto, en el marco de la emergencia sanitaria, la prioridad de los gobiernos debe ser apoyar a los hogares y empresas que se han visto afectados por la inminente caída en los ingresos y las ventas y la consecuente destrucción de empleo; sin embargo, es importante controlar el incremento de firmas zombis que se espera ante las cuantiosas medidas implementadas por cuenta del covid-19.

Hoy, más que nunca, resultará imperativo el fortalecimiento del aparato productivo, tan importante para la generación de empleo y desarrollo económico. La política de apoyo empresarial deberá, en este escenario, estar orientada a brindar más oportunidades de innovación para aumentar la competitividad y la productividad.

Ello demandará la asertiva coordinación entre el sector público y privado para mitigar los impactos de la pandemia sin dejar de lado la constante evaluación de las finanzas del sector no financiero, la claridad en los procesos legales de insolvencia y los programas para incentivar la transformación productiva.
La actuación temprana en cuanto al crecimiento de firmas zombis será determinante para evitar riesgos de estabilidad financiera en el mediano plazo, fortalecer el tejido empresarial y la eficiencia en la asignación de recursos.