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¡Elegir bien!

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Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

En el último mes hemos sido testigos de cómo el grado de conflictividad en la región se ha incrementado. Chile, por ejemplo, que suele destacarse como ejemplo en materia de desarrollo, estabilidad jurídica, seguridad ciudadana y transparencia, hoy enfrenta una compleja coyuntura que podría afectar su crecimiento. A pesar de que se han dado diversas explicaciones a este inquietante fenómeno, en lo que sí parece haber consenso es que el margen de maniobra de los gobiernos nacionales se ha reducido de manera significativa, poniendo en tela de juicio sus capacidades para tramitar sus iniciativas.

En el futuro cercano pareciera que este grado de pugnacidad en la política no se reducirá, lo cual lleva a pensar que los modelos de gobernanza deberán transformarse. En esta línea, en nuestro país la Constitución de 1991 estableció que el modelo de descentralización fiscal y administrativa, en contraposición al centralista, permitiría que los entes territoriales diseñen políticas públicas acordes a sus necesidades, lo que contribuiría a cumplir las exigencias de los habitantes con mayor asertividad.

Si bien este modelo presenta beneficios, también se ha puesto en entredicho debido a que ha dado cabida a que las brechas regionales y la corrupción se hayan profundizado. Por ello, para robustecer la gobernanza local resulta necesario que el próximo 27 de octubre los colombianos acudamos a los comicios con la responsabilidad de elegir bien a gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y ediles, pues la legitimidad de las instituciones, la calidad de la inversión pública y el principio de economía de mercado podrían estar en juego.

Uno de los mayores retos que enfrentarán los próximos gobernantes es el de crear y consolidar mecanismos que les permitan generar un mayor ingreso a los entes territoriales. Para lograrlo, es imperativo que, entre otros, se fortalezcan de manera progresiva los sistemas de información catastral, pues esta estrategia ha redundado en un incremento del recaudo tributario y la provisión de bienes públicos en urbes como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.

Adicionalmente, los entes territoriales deberán robustecer las capacidades técnicas de los funcionarios públicos, pues solo así estos harán un mejor uso de los recursos del Sistema General de Participaciones y de Regalías.

De allí la importancia de que los votantes escojan a los candidatos que propendan por estos objetivos, así como por los que den continuidad a los buenos planes de gobierno. En este sentido, para el caso de Bogotá será fundamental que el futuro alcalde o alcaldesa dé continuidad a iniciativas como la construcción de la primera línea del metro, pues este proyecto no solo resulta fundamental para la movilidad y competitividad de la ciudad, sino determinante para la legitimidad de la alcaldía. En ciudades como Cali, Medellín y Barranquilla, que han hecho grandes avances en los últimos años, se espera que, a los ambiciosos planes para ampliar y mejorar los sistemas de transporte masivo, se sumen iniciativas encaminadas a atenuar los efectos del desempleo y la presión migratoria. Y me tomo la libertad de ampliar sobre mi ciudad, Cali, donde solo el candidato Alejandro Eder reúne los requisitos para hacer esto posible.

En conclusión, las elecciones locales serán determinantes para impulsar el desarrollo del país y dar legitimidad a las instituciones, hoy afectadas por problemas endémicos como la corrupción y el ataque de sectores populistas. Así las cosas, cobra vigencia la idea de que elegir bien no es solo un derecho, también es un deber.

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