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Dos semanas atrás publiqué un par de columnas en estas páginas en las que advertía sobre lo que estaba pasando en la Fiduprevisora. En ellas hacía preguntas sobre posibles intereses de Emilio Tapia y Saray Robayo en la entidad que administra recursos multimillonarios del Fondo Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y de la salud de los maestros.
Además, hacía una advertencia clave sobre el afán por trasladar recursos hacia convenios interadministrativos que el entonces vicepresidente de contratación derivada se había negado a firmar. Después renunció a su cargo y dejó consignado que lo estaban hostigando para que firmara los traslados sin rigor técnico. También revelé el contrato -que tengo en mi poder- de un cercano de Tapia en la Fiduprevisora como asesor a partir de mayo.
La columna tuvo impacto y fue una de las más leídas en La República. Esta semana me informaron que el señor Tapia y su pareja, la excongresista cordobesa Saray Robayo, me denunciaron ante la Fiscalía. Qué honor.
Los últimos años han sido difíciles para hacer periodismo de investigación en Colombia.
Como periodista, antes editor político del periódico El Colombiano y líder de la unidad investigativa de La FM, me han denunciado Hollman Morris, Carlos Caicedo, Monómeros -del régimen venezolano- y ahora Emilio Tapia y Saray Robayo. Las denuncias no han venido solas. También hubo contratos pagados desde Rtvc a abogados para investigarme e intentos de desprestigio mediante la fabricación de chats falsos en el entorno del exgobernador del Magdalena. Las vueltas que hay que ver.
Como con las denuncias anteriores, iré respetuosamente a la conciliación que realiza la Fiscalía para defender la libertad de prensa, la libertad de opinión y la libertad de expresión.
Faltaba más que en Colombia ahora tengamos que pedir el favor de hacer preguntas y exponer hechos de interés público que necesitan la lupa de las autoridades. Faltaba más que en Colombia ahora no se pueda opinar sobre Tapia, dos veces condenado por desfalcar al Estado.
Señor Tapia, desde estas páginas le digo que no le tengo miedo. Ni a su poder económico ni a su influencia y sus contactos, que se mantienen ahora a través de su pareja en la política. El periodismo está para incomodar con respeto y rigor, no para acomodarse.
Entiendo que, ahora que no está en la cárcel, tenga más tiempo para ordenar que se persiga judicialmente a periodistas por opinar, investigar y hacer preguntas.
Aquí estamos y seguiremos haciendo periodismo con decencia. A los lectores, como siempre, gracias por su lectura y su apoyo. Quienes me han leído y escuchado desde hace ya años conocen la seriedad de mi trabajo. El periodismo se ejerce de pie y sin miedo al poder.
La nueva realidad exigirá un reordenamiento de la institucionalidad pública y privada, mayor esfuerzo educativo y mayor disciplina social para preservar la democracia liberal y la dignidad como propuestas de convivencia
Todo empieza por entender que la industria debe ser productiva y competitiva. Para ser productiva, requiere talento humano, máquinas e innovación