Analistas

Se vale soñar…

Podremos recordar el año 2016 como el año en el cual se inició un despertar; porque si vemos más allá de los acontecimientos, lo que se logró, es que todos habláramos de lo mismo, que nos sintonizáramos con el mismo tema; así fuera desde diferentes orillas. Porque es en el disenso también se construye el consenso. 

La sintonía de la paz que se logró este año, es uno de los mayores logros. Con un espejo retrovisor, todo el país en diferentes espacios expresó qué es su paz, qué valora de ella y cómo la concibe. El lograr tener en la agenda pública, política y social este tema es lo importante porque evidencia que es algo que nos preocupa a todos. El reto hacia futuro, es no hablar de la paz de cada uno, sino de nuestra paz y de la forma como vamos a hacer las paces. 

Esto implica salir de las trincheras de posiciones radicales y totalitaristas, pasar del yo al nosotros, evolucionar del lenguaje violento a uno de convivencia, es pensar en la construcción de un futuro en el cual quepamos todos, donde la diversidad sea una cualidad no un señalamiento y donde se recupere el verdadero valor del ser humano, su dignidad y el valor a la vida. 

Estamos a pocos días de finalizar el año, en una época de adviento, que significa preparación, es hacer un alto para recordar lo pasado, vivir el presente y preparar el futuro. 

El futuro es incierto, nos preocupa qué pasará, y pareciese que no tuviéramos injerencia en poder construirlo, porque lo vemos de manera equivocada. Para Marcelo Manucci, un gran amigo y experto en estrategias de cambio, complejidad e incertidumbre: “El futuro es una construcción que no está en el calendario. El futuro no está adelante, está en la mirada, en el mapa y en la visión que se tiene sobre la realidad. El futuro está “en la cabeza y en el corazón”, está en los significados que le damos a la realidad y a las relaciones, está en lo que creemos y sentimos respecto de hoy y de mañana. El futuro está en los significados compartidos y en las relaciones”.  

Todos buscamos tener un mejor futuro, un futuro incluyente, justo y en paz. Pero a veces pareciese que vamos de mal en peor; porque muchos de los problemas de la sociedad actual, radican en la pérdida del sentido común de la humanidad. Es por ello, que el reto está en resignificar “el bien común”, para recuperar el vivir en comunidad, y de esta manera, transformar la forma como nos relacionamos en todos nuestros roles de familia, trabajo y sociedad.  Para lograrlo se requiere tener la sensibilidad de reconocer al otro, primero como ser humano con el mismo valor que tenemos por nosotros mismos, e identificar la oportunidad de tener a alguien con quien podemos caminar a su lado para crear, desarrollar y trascender. 

El futuro es esperanzador, si así lo visualizamos, porque se vale soñar. La capacidad de soñar no es para los ilusos, es para los valientes que ven las posibilidades, creen en ellas y construyen un mundo mejor. En nuestro país, afortunadamente, tenemos muchos ejemplos de ello, esta semana Jeison Hugo Aristizábal, héroe del año CNN, nos recordó que “ sí se puede, que sí se puede soñar, que sí se puede cumplir los sueños”.

Quisiera terminar con una fracción del mensaje de navidad de Nuestro Papa Francisco: “Donde nace Dios, nace la esperanza: él trae la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz; y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra… la paz queda como un don que se debe pedir y construir”.  Por un 2017, donde se vale soñar en construir entre todos un país en paz.