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Nativitate, vivir su esencia

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Desde el siglo IV de la era cristiana, la humanidad celebra la Navidad. Es decir, hace 1.600 años aproximadamente nos deseamos la Feliz Navidad. Uno de los criterios para escoger la fecha del 25 de diciembre, data de la época romana donde se celebraba la fiesta del Natalis Solis Invicti (sol naciente invencible). En esta festividad, se reconocía que todos los hombres eran iguales, incluso los amos servían a sus esclavos, se celebraba la igualdad y la fraternidad. En cuanto al origen de la palabra Navidad proviene del latin “Nativitate” que significa “nacimiento de la vida para ti”.

A lo largo de la historia han surgido nuevos símbolos que alimentan el significado de la Navidad como el pesebre o los belenes, “cuna de amor en familia”; el iniciador de esta tradición fue San Francisco de Asís en el año 1200, quien representó la escena del nacimiento para convocar a los fieles a la oración, al recogimiento en familia y para cantar unidos villancicos. El árbol de navidad que en su inicio simbolizaba la unión del cielo con la tierra, la fecundidad. Luego en el siglo VII se decoraba con manzanas, recordando el árbol del paraíso, y con velas asociadas a la luz divina. 

Otro ícono que ha cobrado protagonismo en los últimos tiempos es Santa Claus. Su significado es el ejemplo de la vida bondadosa de San Nicolas, Obispo de Mira en el siglo IV. Pero ahora, ha perdido su identidad, pasando de alguien que ayudaba a los necesitados y vulnerables, a un muñeco que da regalos por el capricho de tener y fines comerciales.

Podríamos seguir con la historia de los diferentes signos y símbolos de la Navidad, relatando el verdadero sentido de estas festividades, y con ello, evidenciar cómo se ha perdido el valor y significado a esta época. La Navidad es el momento de encuentro, de paz, de renovación, de fortalecer la vida familiar, de reforzar los lazos con amigos y de reencontrar nuestro sentido de vida. 

El Papa Francisco nos recuerda el sentido de la Navidad, que es esperanza y ternura: “tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. No tengan miedo de la ternura. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelve una Iglesia fría. Tengo miedo cuando se pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar. “

El reto de estas festividades, es hacer un alto para agradecer, compartir, vivir en fraternidad, ser tolerantes y solidarios. Además, la Navidad es el preámbulo para iniciar un nuevo año con nuevas oportunidades, bendiciones y también nuevos propósitos.

Desafortunadamente, los propósitos que a veces se plantean son individualistas, reflejados en expresiones de quiero ser, quiero tener o quiero hacer.  El desafío es incluir propósitos con valor en lo común y agregar a esta lista el quiero aportar, quiero dar, quiero involucrarme, quiero cooperar o quiero ser corresponsable con nuestra sostenibilidad.

En 2015, se marcó el nuevo rumbo de la sostenibilidad con los Objetivos de Desarrollo Sostenible para encaminar juntos hacia un mundo más próspero y equitativo, y con la encíclica Laudato Si para “proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral”.

Es la oportunidad de recuperar el verdadero sentido de esta época del año, hacer una pausa con esperanza y ternura, para continuar trabajando en 2016 por el bien común. Que estas festividades las vivamos en paz, fraternidad y seamos luz para quienes nos rodean. Una fraternal Nativitate en familia viviendo su verdadera esencia.

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