Analistas

Más que 90 minutos

El deporte es uno de los mayores catalizadores de la humanidad; convoca a millones de personas, atrae por su dinámica, provoca multiplicidad de sentimientos, inspira avances tecnológicos y genera espíritu de cuerpo.

El deporte tiene un gran poder, lo decía Mandela: “el deporte tiene el poder de cambiar el mundo… de unir a la gente. Le habla a la juventud en un idioma que comprende… puede crear esperanza donde antes había desesperación. Es más poderoso que el gobierno, derribando las barreras raciales y sociales”.

Nuestro país ha fortalecido este poder, al ganar más reconocimiento mundial en diferentes deportes; gracias a colombianos que han dedicado su vida a ser ejemplo de voluntad, perseverancia, disciplina y trabajo en equipo. 

Todos los deportes tienen su relevancia, pero para Colombia el deporte rey, es el fútbol; así lo dice el estudio que realizó el Ministerio del Interior para estructurar el plan decenal de esta disciplina: “el 94% de la población considera el fútbol importante”, y esta importancia radica según los encuestados, porque aleja a los jóvenes del vicio, de la violencia, y les brinda otras oportunidades; porque une a la gente, porque brinda salud, entretenimiento; enseña superación; y porque el país es más alegre.

Muchos de nuestros niños y jóvenes asisten a escuelas de fútbol donde les enseñan valores como el respeto, la solidaridad y la integración social. Según Unicef este deporte practicado desde la infancia tiene muchas bondades “es mucho más que un juego. Es un estilo de vida positivo. Es una manera de promover un enfoque pacífico a la resolución de conflictos”.

Hoy inicia la Copa América Centenario, el torneo de fútbol más antiguo del mundo a nivel de selecciones y es el único torneo continental en el que no existen eliminatorias; es llamada la Copa incluyente. 

Desde hoy se volverá a vivir la pasión por el fútbol; por ello, es una oportunidad para evidenciar nuevamente que como colombianos somos capaces de unirnos con un mismo propósito, de estar unidos en familia y con amigos, de sentir alegría, de abrazar a un desconocido para celebrar un gol, de superarnos cuando no ganamos, de vibrar con el resultado del trabajo en equipo, de ponernos la camiseta que en esta oportunidad es blanca evocando a la primera selección del año 45 en esta Copa y que 71 años después, tiene un significado mayor; construir la paz; más allá de los 90 minutos de un partido. 

Si el goce de cada gol, con el bailao y la euforia, se tradujera en las ganas por sacar el país adelante; si cada foto publicada en redes sociales con la camiseta puesta significara el compromiso por aportar diariamente a construir un país mejor; si cada encuentro en familia o con amigos se propiciara más a menudo; si agitáramos nuestra bandera más allá de un partido para mostrar que somos una sola Colombia; si todo este potencial y pasión lo canalizáramos para fortalecer la convivencia y la paz; tendríamos uno de los países más tolerantes, respetuosos, alegres y solidarios.

El fútbol es intercultural, pluralista, es un puente que conecta personas sin prejuicios, es un lenguaje universal y tiene la capacidad de paralizar un país mientras juega su selección. Pero ahora necesitamos que en el contexto que vivimos inspire para movilizar y fortalecer nuestra identidad, unión y fuerza de continuar adelante, pero no de cualquier manera; sino con el ímpetu que tenemos más de 48 millones de colombianos que vestiremos de blanco por un país en paz.