Analistas

La mujer, protagonista de paz

Lograr la convivencia pacífica es la meta en nuestro país, y un factor crítico de éxito es eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra la mujer. El rol de la mujer en la construcción de paz es esencial, no solo porque ha sido la víctima mayoritaria en el conflicto armado, sino porque, desde sus múltiples roles y capacidades, es la protagonista de la transformación social de Colombia.

A pesar de que Colombia ha adoptado y ratificado todas las convenciones internacionales y ha generado normatividad nacional para prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y violencia contra la mujer; no ha sido suficiente, porque la violencia de género ha afectado al 74% de las colombianas, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud; así mismo, en materia de equidad, a pesar de que las mujeres colombianas tienen una tasa más alta de educación que los hombres; no ha sido suficiente para superar el acceso al empleo, minimizar las diferencias salariales y reducir el trabajo informal.

Si el horizonte es la construcción de paz, no solo se debe continuar trabajando en la normatividad y fortaleciendo a las instituciones y a las ONG que trabajan en minimizar estas cifras, sino concentrarse en lo esencial: en reaprender la forma de relacionarnos.

Para ello, lo clave es retomar valores de respeto, solidaridad, tolerancia; y ver a la mujer con todo su potencial y dignidad humana. El reaprender se hace en los hogares, en los colegios, en las universidades, en las empresas y en el colectivo de comunidad. Pero esto no se logra solo con campañas, porque es un tema de cambio de cultura, se debe pasar del activismo desde una silla, o un simple “me gusta” en redes sociales a un involucramiento por el cambio de comportamientos de quien agrede y discrimina.

Los múltiples arquitectos de la paz en el mundo reconocen en la mujer un rol invaluable para afianzar una paz estable y duradera, son declaradas pacifistas, activistas y sobre todo con una calidad humana de pensar en el bien común que algunos lo atribuyen a su calidad de madres, de aportar a la generación de vida, otros a su capacidad de promover consensos en los disensos y otros lo atribuyen a su cualidad de transparencia.

Para Leymah Gbowee, Nobel de paz 2011: “Las mujeres son las que mantenemos unidas a las sociedades. Ellas comprenden el sentido de comunidad. …. La construcción de paz es un proceso en el que usamos nuestros ojos para ver todo el panorama a fin de hallar una solución pacífica. Cuando solo tienes hombres estás cubriendo un ojo y no puedes ver un todo”.

El reto es que la sociedad elimine la negación y la invisibilidad de la mujer, para que reconozca en ella el eslabón valioso, para construir paz desde sus múltiples esferas; en la familia para recomponer vínculos y educar en valores, en el trabajo como armonizadora de intereses, en ámbitos decisorios, anteponiendo el bien común y en la comunidad promoviendo la convivencia pacífica. 

Para Rigoberta Menchú: “Las mujeres hemos liderado muchas luchas sociales en nuestros países, y como en Colombia, muchas mujeres trascendieron su condición de víctimas para ser líderes en derechos humanos, activistas femeninas de los campesinos, y otras iniciativas. Eso nos dio liderazgo para facilitar procesos de paz o de reconciliación”. 

Las mujeres tenemos el potencial y capacidad de trabajar por el bien común, y visualizar oportunidades en donde hay desesperanza y esto se requiere para construir paz en Colombia.