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Hacia la noviolencia

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Sandra I. Fuentes Martínez

La protesta social es un derecho humano porque permite la libertad de expresión, opinión y el poder participar en los asuntos públicos. Hoy se vive un despertar expresado en marchas por múltiples latitudes, con objetivos comunes, pero el reto está en que sean manifestaciones pacíficas.

La protesta es legítima y su aumento es el mayor síntoma de que los gobiernos actuales no cuentan con las habilidades, estrategias, ni capacidad de diálogo con sus gobernados. Los motivadores de este despertar son el clamor masivo, a una gran lista de necesidades, de promesas incumplidas, de hechos de injusticia latente y el creciente abismo de desigualdad que limita las oportunidades y que incluso atenta contra la dignidad humana.

Se habla que las protestas deben ser actos de no violencia, sin disturbios, ni actos de vandalismo que destruyan bienes o atenten contra la vida. Paradójicamente, esto hace que la protesta tienda aun espacio de adversarios donde hay bandos que se defienden y se propicia una eventual confrontación violenta. Es aquí donde una protesta pierde su esencia y se convierte en un campo de batalla. La protesta en esencia busca un cambio social, y este se logra con una protesta de acciones noviolentas.

La sutileza de unir estas dos palabras es lo que marca la diferencia para promover un verdadero cambio social. La práctica de la noviolencia es la que ha impulsado grandes cambios en la historia de la humanidad, y en esencia se hace de forma pacífica, porque busca construir no destruir. Su base es deslegitimar la violencia como base de toda doctrina político-social y rechazar el uso de la violencia para instaurar cambios políticos, sociales, económicos y culturales.

Las acciones de noviolencia recomponen el tejido social, la confianza y realizan cambios sociales significativos donde en el centro está el valor de la vida y la dignidad humana. Estas acciones inician con el diálogo, con entendimiento para restablecer la confianza y exponer posibilidades para transformar realidades a partir de la voluntad y disposición. Para Gandhi, dentro de la comunidad se debe tener una actitud humana de afrontar los conflictos; es tratar al otro como un hermano, porque desde allí siempre se encuentran muchas soluciones.

La posibilidad de encuentro de soluciones es el principal objetivo de las acciones de noviolencia. Porque se fundamenta en el diálogo. El Dalái Lama enfatiza que, en la noviolencia, el diálogo significa compromiso; respetar los derechos de los demás; y en el espíritu de reconciliación hay una solución real al conflicto y el desacuerdo. No hay un ganador absoluto, no hay un perdedor absoluto; no de esa manera, sino mitad y mitad. Esa es la forma práctica, la única manera.

Cuando en una protesta surge la violencia, incluso desde su convocatoria, es porque se cierra la puerta del diálogo; porque la violencia comienza, según Vicent Martínez, con la ruptura de esa solidaridad comunicativa. Por ende, la violencia surge cuando hay desatención, falta de escucha e indiferencia al querer desconocer, e incluso invisibilizar, lo evidente para muchos; que es clamor de un cambio, pero con perspectiva del bien común. Porque como decía Gandhi: “La violencia es el miedo a los ideales de los demás”.
Para que este nuevo despertar de sociedad tenga los efectos de transformación, debe promover la solidaridad comunicativa y por ende el diálogo con acciones noviolentas.

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