Analistas

Ahora el proceso de la decisión (2)

Últimamente, el tema más recurrente de los colombianos es el proceso de paz; en redes sociales, medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas. Esto es grato, porque por muchos años el problema fue la invisibilidad y la naturalización del conflicto. 

La invisibilidad de los hechos ocurridos por más de cinco décadas, dejando a más de 8 millones de colombianos afectados; que equivale en promedio a casi 444 personas por día, que han vivido de forma directa el conflicto y que para otros colombianos esta realidad no ha existido o se niega. Lo invisible no fue porque desapareciera de los medios de comunicación o se ocultara información; fue por desconocer, no solo las cifras, sino de las historias de vida que han sido truncadas o desviadas por este fuego cruzado, particularmente en las regiones. 

Esta invisibilidad, conlleva a la naturalización; es decir, a que parezca natural que alguien pueda decidir quitar la vida del otro. Se ha convertido tan natural, que ahora los jóvenes juegan a matar en la virtualidad de los videojuegos, así como también las noticias dan prioridad a hechos de violencia porque eso da rating. Por ello tomar una decisión y decir SÍ o NO va más allá de un voto, es recobrar la confianza y el respeto por la vida. 

Anteriormente, señalé que para tomar la decisión deberíamos tener en cuenta el pasado, presente y futuro. Un aspecto del presente es no decidir desde la burbuja aislada en donde se vive; porque toda decisión incide en contextos más amplios; como lo dice el concepto del efecto mariposa: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tornado al otro lado del mundo”. 

Por ello, la decisión a tomar, no es de ámbito local únicamente, sino global. Muy bien lo sintetiza mi amigo y maestro, Padre Antonio José Sarmiento. S.J.: “Ante esta ola de muerte violenta en el mundo entero, incluida la muy dramática y escandalosa muerte incruenta de la pobreza, debemos cultivar una voz profética de denuncia, acompañada de acciones solidarias, que no se pueden quedar en eventos momentáneos sino configurarse como proyectos permanentes de compromiso con la dignidad humana, hasta el punto de constituirse como fuerzas capaces de contrarrestar esta ignominia de los enemigos de la vida”. 

Si se toma una decisión desde esa burbuja, la posibilidad de equivocarse es total; porque no existe involucramiento, ni capacidad de ponerse en los zapatos del otro; ni tener en cuenta, por ejemplo, la multicausalidad de lo que ha llevado a que este conflicto perdurara. Una de estas causas, es la desigualdad de oportunidades que históricamente han tenido los jóvenes campesinos de nuestro país. Esto lo analiza, Gustavo Duncan integrante de la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas; en los 80, la exclusión se convirtió en una causa de vinculación al conflicto de los jóvenes campesinos “la miseria, el resentimiento, el maltrato en sus hogares, el deseo de conocer otros lugares, la necesidad de protegerse y otras razones personales fueron más contundentes que cualquier convencimiento ideológico”.

Decidir por el SÍ o el NO requiere mirar más allá de la burbuja de las ciudades. El 74% de los colombianos viven en las urbes, es decir, que la mayoría de votantes solo conocen la violencia por relato, o por televisión, no por experiencia vivida. Se requiere entonces que la decisión que se tome, se tenga en cuenta pensando en la paz añorada en las regiones por la población indígena, campesina y afrodescendientes que habitan en nuestros campos y a quienes se les adeuda la igualdad de oportunidades para vivir en paz.