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A opinar con juicio

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Los titulares de los medios en este primer mes de 2016 presentan un panorama bastante dinámico. En los días transcurridos de este año, los ámbitos políticos, económicos, ambientales y sociales se mueven con temas como: el proceso de paz, las decisiones de gobierno de los nuevos alcaldes, la venta de Isagen, la devaluación del peso frente al dólar, la caída del precio del petróleo, nuevos señalamientos de corrupción, el inclemente fenómeno de El Niño con sus efectos directos en la sequía y racionamientos del tan preciado líquido -el agua-, indicadores económicos en descenso sostenido, que son solo algunos de los hechos de nuestro contexto actual.

A este contexto; con hechos esperanzadores, de emergencia, pero también con un panorama de incertidumbre; se suma tal vez uno de los poderes más fuertes con el cual contamos en nuestra sociedad actual: la opinión. En este momento, gracias a las redes sociales fluye a velocidades que jamás la humanidad había imaginado que alcanzara e incide en la creación de un clima favorable o desfavorable, en la dignificación o el desprestigio inmediato de alguien o de algo. Este poder es incalculable y desafortunadamente está fuera de control, no porque no exista una política o porque se quiera coartar la libertad de expresión, sino que lo que se dice no trae consigo la esencia de una verdadera opinión, la cual es dar un juicio con valor conociendo a profundidad el tema y enmarcado en la realidad del contexto y su historia. 

Este poder lo explica Chimamanda Adichie, novelista nigeriana, al evidenciar el peligro de una sola historia: “De cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas con verdad depende del poder. El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva”.

Solo basta con dar una mirada a los millones de comentarios que a diario se entrecruzan por las redes sociales; para evidenciar la creciente inconformidad expresada en quejas, críticas, señalamientos; pasando por expresiones displicentes e irrespetuosas, pero carentes de propuestas, iniciativas y compromisos para cambiar realidades. Este escenario es más preocupante que los hechos mismos en los cuales estamos inmersos. Es preocupante si visualizamos que el objetivo que queremos en conjunto es la paz. 

A diario, se viven guerras digitales de palabras, tomando posturas radicales sin fundamento, minando la convivencia, la armonía, la tolerancia y el respeto. Esta es una nueva amenaza social.

Hoy las opiniones omiten realidades, adoptan una postura minimalista y facilista con predominio en lo negativo y se pierde la riqueza multicultural que posibilita a través de estos espacios digitales construir y movilizar en red transformaciones sociales.

Como dice David Roll, Doctor Cum Laude en Ciencias Políticas y Sociología, en su libro Guerra fría, cenizas calientes. Reportajes a un mundo en cambio. “Jamás podremos entender el mundo actual a partir de teorías que congelan la realidad, sino mirando con fascinación la riqueza pluricultural que sobrevive a la avalancha homogeneizadora de la globalización”. Esta riqueza debe permitir la convivencia de diversas culturas y posturas, en un marco de respeto y valoración, donde lo que se diga no solo debe estar sustentado en el conocimiento, la razón y la verdad, sino que permita una construcción conjunta de opiniones con juicio y con tacto. 

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