Analistas

Un semestre de transición

Si bien la economía colombiana mantuvo parte del impulso registrado en el 2011, ya empiezan a sentirse los efectos recesivos que se originan en el mundo exterior.  Hay conciencia acerca de la reducción de actividad económica que puede esperarse en el año 2012.  Las diferencias de apreciación hacen referencia a la intensidad de la reducción esperada.

Lo que unos describen como una explicable ralentización del ritmo de crecimiento, otros interpretan como un descalabro económico.  En términos aeronáuticos, lo que se discute es si lo que se aproxima es un aterrizaje suave o un aterrizaje brusco.  Tanto el diseño de la política macroeconómica como el de la estrategia empresarial y la de los demás agentes económicos dependen de la respuesta que tenga esa disyuntiva.

Los indicadores disponibles hasta la fecha permiten hacer un estimativo preliminar del cambio que está teniendo lugar.  El crecimiento de 4.7% del PIB en el primer trimestre registra una leve disminución con respecto al año anterior, a la cual contribuyó la caída del rubro de obras civiles.  El consumo de los hogares conserva dinamismo.  Las importaciones de bienes de capital y la demanda de energía para usos industriales están creciendo.

La economía sigue impulsando la generación de empleo.  Pero ese crecimiento se concentra en trabajadores con buen nivel educativo.  La escasa demanda por trabajadores no calificados consigna este sector de la fuerza laboral al desempleo o a la informalidad.  Este fenómeno es un reflejo de la rigidez del mercado laboral colombiano, producto de normas que gravan en exceso la creación de empleo formal y promueven la sustitución de mano de obra por capital en los sistemas productivos.  Mientras esa situación perdure, será poco factible lograr una tasa desestacionalizada de desempleo inferior a dos dígitos.

De acuerdo con los indicadores de actividad económica, no parece aventurado proyectar un ritmo de crecimiento del orden de 4 a 4.5% para el año 2012, con una inflación cercana al 3% y un nivel de inversión equivalente al 29% del PIB.  Ese desempeño supera al de las naciones industrializadas y se compara favorablemente con el de las principales economías latinoamericanas.  Por lo tanto, podría describirse como una desaceleración tolerable.

Hay margen de maniobra para adoptar políticas anti-cíclicas en el segundo semestre.  En materia fiscal, se trataría de agilizar la ejecución de los programas de inversión pública.  En el aspecto monetario, hay espacio para reducir la tasa de interés de intervención del Banco de la República y para incrementar el ritmo de acumulación de reservas internacionales, si el Ministerio de Hacienda acepta asumir el costo fiscal de dicho cambio.

Este pronóstico está condicionado por algunas advertencias.  Respecto al entorno internacional, da por sentado que no tendrá lugar un evento catastrófico en Europa y que continuará la recuperación de la economía norteamericana.  En el frente interno, parte de la base que el enrarecimiento del ambiente político no afectará la capacidad gubernamental para sacar adelante las reformas estructurales que requiere la modernización económica y social del país.