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Las grietas de Mercosur

Mercosur, el esquema de integración económica que conformaron Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, al cual se adhirió luego Venezuela, dista bastante de ser un experimento exitoso.  Su trayectoria ha estado marcada por sobresaltos, desavenencias y retrocesos.  En parte, ello obedece a fallas iniciales de diseño institucional, en parte a las asimetrías entre sus socios y en parte al exceso de proteccionismo.  Durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, y de Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, los objetivos estrictamente comerciales fueron opacados por convergencias ideológicas y posturas anti-occidentales, las cuales se acentuaron con el ingreso de  Venezuela al grupo en 2012.  En un momento de euforia bolivariana, se llegó a proponer la inclusión de Cuba en Mercosur. 

La aversión a los acuerdos comerciales con los países industrializados llevó a los presidentes Néstor Kirchner, de Argentina; Lula da Silva, de Brasil, y Hugo Chávez, de Venezuela, a rechazar la propuesta norteamericana de crear el Alca, un área de libre comercio hemisférica, en la Cumbre de las Américas del 2005 en Mar del Plata.  Con la excepción del Ecuador, todos los países del Litoral Pacífico latinoamericano han suscrito acuerdos de libre comercio con Estados Unidos.

El error inicial de diseño consistió en haber insistido en establecer un mercado común, en vez de un área de libre comercio.  La adopción de un arancel externo común alto implicó optar por   la desviación del comercio respecto al resto del mundo.  También condujo al intercambio recíproco de ineficiencias en los sectores industriales y al tratamiento inequitativo de los socios menos desarrollados del grupo, al quedar obligados a comprar manufacturas en Mercosur a precios superiores a los internacionales.

Otro inconveniente del diseño de Mercosur fue la prohibición de suscribir acuerdos individuales de libre comercio con terceros países.  Esta restricción implicó un serio perjuicio para Paraguay y Uruguay, países con mercados nacionales pequeños, a quienes les convendría tener economías abiertas para participar activamente en el comercio mundial.   Los altibajos económicos de Argentina y Brasil, así como los atavismos proteccionistas, han obstaculizado la liberalización del comercio intrarregional, el cual ha estado sujeto a licencias previas y a restricciones administrativas de distinto orden.  

La incorporación de Venezuela a Mercosur por la puerta de atrás se ha convertido en un dolor de cabeza para sus socios.  El colapso de su economía le impide a Venezuela tener un comportamiento normal en el comercio internacional.  Adicionalmente, la asociación con un gobierno impresentable constituye un lastre diplomático.  La deriva hacia la condición de estado forajido del régimen venezolano haría inevitable la invocación de la cláusula democrática del acuerdo constitutivo de Mercosur.

El presidente Mauricio Macri solicitó que  Argentina fuera aceptada como país observador en la Alianza del Pacífico.  Se propone asistir el 30 de junio a la reunión de presidentes del grupo en Santiago de Chile.  Este acercamiento puede ser el primer paso hacia la transformación de Mercosur en un área de libre comercio a escala latinoamericana.