Analistas

La Política Internacional de Barack Obama

Al acercarse el final de sus mandatos, los presidentes de Estados Unidos tratan de ofrecer una versión del legado que dejan a la posteridad, con miras al juicio de la historia.  Dwight Eisenhower, por ejemplo, es recordado por haber alertado acerca de la creciente influencia política del engranaje industrial-militar que promovía el armamentismo.  Refiriéndose a su experiencia para ponerle fin a la Guerra de Corea, les hizo esta advertencia a sus compatriotas: ‘Never again, a land-war in Asia.’ Nunca jamás, una guerra territorial en Asia.   Varios de sus sucesores han tenido razones para lamentar haber desatendido ese consejo.

La revista The Atlantic del mes de abril acaba de publicar una entrevista del analista Jeffrey Goldberg con el presidente Obama, en la cual este describe la forma como concibe el papel que debe desempeñar Estados Unidos en el mundo, así como las responsabilidades y las limitaciones inherentes a esa visión.   Obama también aprovecha la entrevista para responder a quienes lo critican por su reticencia a usar la fuerza para dirimir conflictos, y a expresar su frustración por el escaso apoyo que ha recibido por parte de gobernantes de naciones amigas.   Esta queja contiene una excepción.  Entre los líderes de grandes potencias con las cuales le ha correspondido interactuar, Angela Merkel, la Canciller de Alemania, cuenta con su estimación y con su respeto.

Habida cuenta de que inició su mandato presidencial teniendo que hacerse cargo de una crisis financiera y de dos guerras desastrosas, Obama define la directriz de su política exterior con la expresión: ‘No cometer estupideces.’   No vacila en hacer explícito su desdén por el comportamiento de aliados que desean utilizar el músculo militar norteamericano para sus propios fines, pero que, llegado el momento de recurrir a las armas, ofrecen tenerle el saco a quien debe dar la pelea.  Se impacienta con los denominados free-riders, aquellos que prefieren viajar por cuenta ajena. Al primer ministro británico, David Cameron, le dijo que si el Reino Unido dedicaba menos de 2 % del PIB al presupuesto de defensa, podía olvidarse de la relación especial con Estados Unidos.

Entre los gobernantes del Medio Oriente, lo irritan el presidente de Turquía, Racep Tayyip Erdogan, a quien considera un autoritario fracasado, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien, en una reunión en la Casa Blanca, adoptó una actitud condescendiente para describirle la brutalidad del vecindario en el cual se desempeña.  Obama es consciente del reto que representa el terrorismo impulsado por el fundamentalismo islámico, pero no lo considera una amenaza existencial para Estados Unidos, como sí lo es el cambio climático.  Por eso incluye los acuerdos de París sobre cambio climático entre los principales logros de su política exterior, con la apertura hacia Cuba, el acuerdo nuclear con Irán y el Tratado de Asociación Trans-Pacífico.

Es escéptico respecto a las perspectivas democráticas del Medio Oriente.  Considera que  Estados Unidos debería prestarle una mayor atención a sus relaciones con Asia, África y América Latina.