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Analistas 27/07/2017

Globalización y política

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda
La República Más

La actitud hacia la globalización se ha convertido en un motivo de discordia entre los gobiernos de las naciones industrializadas y de controversia política a nivel interno en algunas de ellas. A ese estado de casos han hecho una contribución notable la decisión del Reino Unido de retirarse de la Unión Europea y el giro hacia el nacionalismo aislacionista en Estados Unidos.
Para el gobierno británico, el asunto diplomático prioritario es encontrar una fórmula aceptable para sus socios que le permita conservar el acceso privilegiado al mercado ampliado, al tiempo que restringe el ingreso de ciudadanos de la Unión Europea. En Estados Unidos, el rechazo al libre comercio y la animadversión hacia los inmigrantes están deteriorando las relaciones de Washington con sus aliados tradicionales y creando fricciones con China, las naciones del Este Asiático y México. En ambos casos, los enemigos de la globalización lograron convencer a los electores que problemas causados por el cambio tecnológico y por políticas públicas equivocadas que acentuaron la desigualdad social eran culpa de los extranjeros. En el Reino Unido, se identificó a la Unión Europea como la causante de los males reales y ficticios. En Estados Unidos, el libre comercio y los inmigrantes cumplieron un propósito similar.
Habida cuenta de esta turbulencia ideológica en dos naciones que habían sido adalides de la integración económica global, resulta instructivo constatar que en Colombia, la globalización es un tema que no suscita mayor controversia. Más aún, es un fenómeno al cual el país parece haberse acostumbrado, como algo que se da por sentado, como parte integral de la realidad cotidiana. En vez de globalización, el término que se utiliza en Colombia es inserción en la economía internacional, entendida como el proceso de mercado mediante el cual se avanza hacia una creciente libertad de movimiento de bienes, servicios, empleo y capital a través de las fronteras nacionales.
Si bien la implementación de ese esquema en el país ha sido vacilante y gradual, durante las décadas recientes se ha ido acentuando, sin causar traumatismos. En términos generales, con las excepciones atribuibles a atavismos proteccionistas, la mayor apertura al exterior de la economía es percibida de manera positiva. Los consumidores se han beneficiado, las regiones han diversificado su oferta exportadora, el turismo receptivo se ha incrementado y las empresas del sector moderno se han internacionalizado.
El proceso de inserción en la economía internacional ha contribuido a hacer a la sociedad colombiana no solo más receptiva a nuevas ideas, sino también a personas de distintas nacionalidades. Ése es un cambio de mentalidad significativo. A raíz del referendo de julio 16, contra el intento de Maduro de imponer una asamblea constituyente, el escritor Ibsen Martínez informa que los ciudadanos venezolanos residentes en Bogotá y Chía aportaron unos 30.000 votos.
Algunas de estas razones ayudan a explicar por qué, no obstante la actual polarización política, es poco probable que las campañas presidenciales que se inician incluyan propuestas para denunciar los TLC vigentes y cerrar la economía.

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