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Fortalezas y vulnerabilidades

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Navegar en medio de una tempestad permite comprobar las calidades de una embarcación y la pericia de su tripulación. De la misma manera, los choques externos revelan la fortaleza o dejan en evidencia las debilidades de determinada economía. Al finalizar el año 2014, la economía colombiana enfrenta una turbulencia internacional que pone a prueba su capacidad de resistencia a circunstancias adversas.   

La caída que han experimentado los precios del petróleo marca una discontinuidad en la forma como se percibían las perspectivas económicas para el año 2015. La modificación de las expectativas se refleja en el valor de las empresas petroleras, en la reducción de sus programas de exploración y en la oscilación de la tasa de cambio.   

Las implicaciones económicas de una caída acentuada del precio del petróleo, en cuestión de semanas, ha dado lugar a la elaboración de escenarios en los cuales predomina el dramatismo. 

En lo que concierne a Colombia, aunque la reducción del precio del petróleo afecta los ingresos previsibles durante los dos años siguientes, el impacto económico sería de una magnitud manejable. La tasa de crecimiento para 2015 se reduciría en unas décimas de 1%,  para quedar en una cifra del orden de 4% anual.  Dentro de un contexto internacional difícil, ese sería un ritmo de crecimiento satisfactorio.

El desempeño positivo del año 2014 es atribuible a la conjunción de los siguientes factores:

• Un esquema macroeconómico coherente que privilegia la obtención de un ritmo de crecimiento sostenible y una inflación baja y estable. Incluye una meta de inflación objetivo, un mecanismo de tasa de cambio fluctuante y el cumplimiento de la regla fiscal. Este esquema, apoyado por una tecnocracia culta, ha adquirido aceptación creciente por parte de los agentes económicos.

• Un sistema financiero solvente, sometido a un estricto régimen de regulación y supervisión.

• Un sector empresarial moderno que ha demostrado su capacidad de competir y de proyectarse hacia el mercado mundial.

• Una dotación adecuada de recursos energéticos, cuyo desarrollo se beneficia de un marco regulatorio que favorece la inversión.

• Una estructura institucional predecible y relativamente estable, compatible con la economía de mercado, la protección de los derechos de propiedad y el respeto a la validez de los contratos.

Es razonable suponer que estas características seguirán siendo relevantes en los próximos años. Sin embargo, la ausencia de un consenso acerca de la financiación del Estado se perfila como una vulnerabilidad de la economía colombiana. Las vicisitudes de la reciente reforma tributaria ilustran las deficiencias del ordenamiento fiscal vigente. La estructura impositiva que se ha ido conformando al impulso de urgencias de gasto, es poco funcional.  

 La introducción de excepciones y de tratamientos preferenciales produce una normativa compleja, costosa de administrar, que concentra el esfuerzo impositivo sobre una base tributaria estrecha. La política fiscal ha ido perdiendo legitimidad. 

La evasión de impuestos no recibe una sanción social. Superar estas distorsiones, típicas de una sociedad inequitativa, es el reto al cual se enfrenta Colombia si desea alcanzar la modernidad. 

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