Analistas

Evaluación disidente del año 2016

El año que terminó estuvo marcado por sobresaltos internacionales originados en los resultados del referendo sobre el Brexit en el Reino Unido y de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.  Para Colombia, 2016 fue un año de transición, con un menor crecimiento económico, una caída en los ingresos fiscales y un nivel de inflación en exceso de la meta.  A esos resultados se agregaron factores de incertidumbre tales como el paro de transporte, las vicisitudes del acuerdo de paz y la reforma tributaria.  Esta acumulación de preocupaciones ha dado lugar a la sensación de haber experimentado un Annus Horribilis. A riesgo de que se piense que estoy provocando controversias por entretención, sugiero tímidamente que, además de haber sido menos malo de lo que parece, el año económico puede considerarse aceptable, dentro del contexto internacional. 

La economía colombiana ha demostrado tener resiliencia, es decir, la capacidad de adaptación frente a choques o situaciones adversas.  Esa capacidad toma la forma de fortaleza y flexibilidad.  Un ejemplo de resiliencia es la forma como el sistema eléctrico nacional soportó la prueba a la cual lo sometió un fenómeno de El Niño de inusitada intensidad.  Haber evitado la calamidad de un colapso en el suministro de energía eléctrica es un resultado positivo, así la opinión pública no lo perciba de esa manera.  La respuesta de la tasa de cambio a la caída en los precios internacionales de los commodities es otra señal de resiliencia.  La tasa de cambio flexible ha permitido ajustar los precios relativos en forma automática y desplazar la demanda interna hacia la producción nacional de bienes y servicios.  La nueva paridad cambiaria ha contribuido a promover la diversificación tanto regional como sectorial de la actividad económica.  Adicionalmente, ha servido para estimular el dinamismo del turismo internacional receptivo.  La tasa de desempleo se mantuvo en un dígito.  El relevo en la gerencia general del Banco de la República tuvo lugar en forma ejemplar.

El país también evitó el retroceso que habría implicado perder la calificación de grado de inversión para la deuda soberana, con                    la aprobación por el Congreso  de la reforma  tributaria.  

El descontento que produce cualquier reajuste de las tarifas impositivas es menor que el que habría producido el rechazo a la reforma tributaria: pérdida de confianza en la estabilidad macroeconómica; devaluación del peso con el consiguiente impacto inflacionario; y  elevación de las tasas de interés, con efecto recesivo sobre la actividad económica.   Garantizar la solvencia de las finanzas públicas es una demostración de gobernabilidad, rasgo que valoran los inversionistas.

Las mejoras significativas en los indicadores de salud pública que revelan los resultados de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud validan el éxito de las reformas implementadas por Juan Luis Londoño y por Alejandro Gaviria.  

Gracias a la estabilidad política, la fortaleza institucional, la diversificación de la economía y un incremento sostenido del poder de compra de los hogares, el país pudo seguir generando empleo y atrayendo inversión en circunstancias adversas.