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Dos aniversarios

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Este año se celebra el centenario de una conflagración de dimensiones continentales.

También se cumple el vigésimo quinto  aniversario de la implosión del imperio soviético en Europa.   1914 y 1989 son hitos que condicionaron el siglo XX.  Los primeros trece años del siglo pasado pueden considerarse como una prolongación del siglo XIX.  La década posterior a 1990 es asimilable al inicio del siglo XXI.  El período entre 1914 y 1989 se identifica con el surgimiento de los totalitarismos, el enfrentamiento militar entre las grandes potencias y el final de la hegemonía europea.  Son fechas que enmarcan el siglo XX dentro de un mismo ciclo histórico. 

 En 1989 se produjeron  las insurrecciones populares que condujeron al colapso de los regímenes comunistas de Europa Oriental, la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la República Democrática Alemana y la disolución de la Unión Soviética.  Estos acontecimientos trascendentales se desarrollaron sin la intervención de protagonistas externos.

El año de 1914 marca el inicio del conflicto que se denominó entonces la Gran Guerra, 1914-1918, y ahora se conoce como la Primera Guerra Mundial.  El asesinato en Sarajevo del archiduque austríaco Ferdinando y su esposa en el mes de junio, fue el detonante de una serie de decisiones por parte de los gobiernos europeos que desencadenaron consecuencias imprevistas e irreversibles.  El Imperio Austro-Húngaro le declaró la guerra a Serbia.  Rusia se movilizó en solidaridad con Serbia, lo cual llevó a Alemania a movilizarse.  A su turno, la movilización de Alemania involucró a Francia e Inglaterra en la guerra, de acuerdo con alianzas pre-existentes.  Italia intervino en calidad de aliada de Francia e Inglaterra.  El Imperio Otomano participó como aliado de Alemania. 

Los gobiernos beligerantes entraron a las hostilidades bajo la ilusión de que se trataba de un episodio breve, que se resolvería con el triunfo decisivo de sus respectivas fuerzas armadas.  Lo que sobrevino fue una catástrofe humanitaria en la cual perdieron la vida 17 millones de personas entre combatientes y civiles, víctimas de la capacidad destructiva desplegada por naciones industrializadas.  Las frustraciones causadas por el sacrificio de una generación en la guerra de trincheras sirvieron de caldo de cultivo para la aparición del fascismo y del comunismo, como alternativas a la democracia liberal. 

 Al finalizar la guerra, habían desaparecido el régimen de los Zares en Rusia, el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Otomano.  

La fragmentación de agrupaciones multi-étnicas centroeuropeas, así como las rivalidades de Francia e Inglaterra por las antiguas posesiones otomanas sembraron la semilla de nuevos conflictos.  Las sanciones impuestas a Alemania en Versalles por las potencias victoriosas crearon resentimientos que habrían de conducir a la Segunda Guerra Mundial.

La evocación de las tensiones que en 1914 enfrentaron a  Alemania, una potencia emergente, con  Inglaterra, ha dado lugar a temores contemporáneos.  Hay analistas que encuentran similitudes con la aspiración de China de desafiar la posición dominante de Estados Unidos.  La historia enseña que la aparición de nuevas potencias mundiales no siempre ha ocurrido de manera pacífica.

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