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Crecimiento económico e inversión

Sin duda, la noticia económica más importante y preocupante en días recientes fue el dato del lento crecimiento de la economía en el primer trimestre del año. Según el Dane, la tasa anual de crecimiento del PIB en el primer trimestre tan solo alcanzó 1,1%. Analizado según sectores de la actividad productiva, en el primer trimestre de 2017 se destacó el crecimiento anual de agricultura con 7,7%, los establecimientos financieros con 4,4%, y los servicios sociales, comunales y personales con 2,2%. Los otros principales sectores mostraron estancamiento o una caída. La industria manufacturera creció tan solo  0,3%. La explotación de minas y canteras cayó un 9,4% registrando la mayor disminución. Otras ramas de actividad que presentaron variaciones negativas durante el primer trimestre de fueron el transporte con -0,3%; comercio, con -0,5%; electricidad gas y agua, con -0,6%, y la construcción, con – 1,4%. 

La reacción del Ministro de Hacienda una vez conocidos los datos del lento crecimiento de la actividad económica del primer trimestre fue manifestar que hay que seguir por la ruta de reducción de tasas para estimular la economía. Por su parte, el Presidente de la República ha resaltado, con alguna razón, un conjunto indicadores de la actividad económica que dan motivos para mantener el optimismo sobre el futuro de la economía como son, entre otros, la baja en la tasa de inflación, el positivo desempeño de la agricultura y el sector financiero, la reducción de la pobreza, la reducción del desempleo y la mejora en los índices de formalidad laboral, el cierre de la brecha externa, y los dividendos de la paz. A estos se podrían agregar otros como el impacto esperado de la inversión en la infraestructura vial de cuarta generación. La realidad, sin embargo, es que la desaceleración de la economía y el lento crecimiento de la economía durante el primer trimestre del año era ampliamente conocido y esperado por las autoridades, dados todos los indicadores de seguimiento de la economía y los pronósticos adelantados tanto por el Departamento Nacional de Planeación como por el propio Banco de la República. También lo venían sugiriendo todas las encuestas adelantadas por Fedesarrollo. 

Lo que debe preocupar más a las autoridades económicas y tratar de evitar es que en esta coyuntura de fin de gobierno no se presente una caída significativa de la inversión privada y proceder a mejorar las expectativas de inversión en el país no solo  con discursos oficiales, sino con medidas concretas que hagan atractiva la inversión en Colombia. La baja en las tasas de interés contribuye a ello, pero no parece ser suficiente. Se deberá revisar si la rebaja de los impuestos a las empresas introducidos en la reforma tributaria fue insuficiente. También resulta urgente mejorar la seguridad jurídica y evitar que toda la legislación de los acuerdos de paz por la vía del fast-track no desestimule más a los inversionistas. Las expectativas de inversión a fines del gobierno también dependerán del ambiente político en el país. En Colombia ha sido tradicional que la inversión privada decaiga durante las épocas electorales. La verdad es que los inversionistas internacionales que han venido a Colombia en las semanas recientes declaran que han percibido un gran y creciente pesimismo en sus entrevistas con el sector privado colombiano.