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Analistas 03/02/2021

Distanciamiento emocional

Continuando la serie de artículos sobre aspectos humanos de la pandemia, podemos preguntarnos ahora, ¿el distanciamiento físico conduce al distanciamiento emocional? Hagamos una especie de diagnóstico. Cada uno puede observar su propia experiencia en este casi un año que llevamos ‘guardando las distancias’. Con algunas personas, familiares, por ejemplo, es probable que se haya podido suplir la distancia física con una mayor relación virtual y algo presencial, y de esa manera siga existiendo cercanía. Podría incluso suceder que se incrementó la empatía porque hay muchos sentimientos a flor de piel, o porque hay menos inhibición para hablar de temas personales, o por existir espacios donde no hay prisa y sí, en cambio, mayor tranquilidad.

Cumpleaños y aniversarios se han reducido a su mínima expresión en cuanto al número de invitados. Los encuentros sociales para disfrutar de un buen vino o un trago casi han desaparecido, y así esas relaciones que son tan gratificantes para el ser humano y que ayudan a reforzar la amistad ya no existen pues las han estigmatizado absolutizado sus inconvenientes. Que conste que no las estoy promoviendo, pero sí creo que conviene matizar, aunque este no es el tema actual. En el trabajo los momentos sabrosos para compartir un café y comentar la actualidad, además de que están prohibidos, nadie se atreve a hacerlos. Y los negocios se hacen todos de forma virtual.

En resumen, me atrevería a afirmar que el distanciamiento físico ha podido llevar, en primer lugar, a intensificar la cercanía emocional con un reducido número de personas, en unos casos familiares y en otros amigos muy próximos. Por otra parte, se han perdido bastantes relaciones que se basaban en encuentros periódicos en cafeterías, peluquerías, gimnasios, etc. Y en tercer lugar se ha incrementado el individualismo. Educación virtual, trabajo virtual, vida social virtual…Es un diagnóstico un tanto radical y parcial pero que señala que en algunos casos existe el peligro de acostumbrarse a vivir aislados unos de otros, a que el mundo emocional, la esfera de los sentimientos, se vaya debilitando.

Al llegar aquí podemos mencionar las mascotas. Conviene resaltar que como el ser humano tiene necesidad de dar y recibir afecto, ha encontrado una solución para esta tendencia en esos animales cariñosos, que son los grandes ganadores del distanciamiento social. Tanto las reglamentaciones oficiales como las disposiciones sanitarias facilitan que las mascotas ayuden a suplir el distanciamiento físico, siendo la única compañía que no tiene restricciones. Sin embargo, a pesar de que algunos animales puedan convertirse en ‘el mejor amigo del hombre’, el vacío emocional sigue estando ahí.

Todo lo anterior no tiene otro objeto que motivar a mis lectores para que la pandemia no nos lleve a alejarnos de nuestros seres queridos y de los amigos de toda la vida, y a no caer en un individualismo malsano. Esta temporada no debería ser un paréntesis en el cuidado de las relaciones interpersonales, pues estaríamos perdiendo la sal de la vida. Con la prudencia debida, pero con una intencionalidad realista, clara y firme, podríamos proponernos sostener y quizá aumentar la cercanía emocional con las personas. No esperemos a que la pandemia se acabe, pues quizá nunca acabe sino que se controle. Lo que es importante hay que vivirlo desde ahora, ya.