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En la búsqueda incesante de la felicidad y la prosperidad, los seres humanos han creado un concepto fundamental, los activos, que más allá de lo material son atributos que nos ayudan a alcanzar la verdadera riqueza y la plenitud en la vida.
Para comprender qué son los activos, es imprescindible considerar tres aspectos fundamentales: el capital humano, el capital institucional y el capital social. Estos elementos conforman la base sobre la cual se construye toda forma de riqueza y felicidad en una sociedad. Siempre teniendo en mente que la base de esta construcción es el principio de la responsabilidad.
La responsabilidad, es el compromiso del espíritu y la mente, que se convierte en el pilar sobre el cual se erige el concepto de activo. No se trata simplemente de un deber, sino de una identidad arraigada a la disciplina, al amor y la comprensión de uno mismo. Es a través de esta responsabilidad que se moldean los hábitos correctos y se forja un carácter ético que impulsa la creación de la verdadera riqueza.
En este contexto es evidente la relación entre principios y prácticas. A menudo, se argumenta que los principios son abstracciones que carecen de aplicabilidad en el mundo real. Sin embargo, estos son los que guían las prácticas hacia la sostenibilidad y la excelencia; y la alineación de prácticas con principios se convierte entonces en el fundamento sobre el cual se construye la verdadera riqueza, tanto a nivel individual como corporativa o institucional.
En la vida cotidiana la creación de activos requiere paciencia, sacrificio y una visión clara del futuro deseado. Es a través de inversiones de tiempo, talento y recursos materiales que se cultivan los activos que garantizan un futuro próspero y abundante.
En conclusión, los activos no son simples posesiones materiales, sino más bien un reflejo del compromiso personal con la excelencia, la responsabilidad y la ética. Son el resultado de una comprensión profunda de la relación entre el ser humano, las instituciones y la sociedad. En un mundo donde la riqueza se mide no solo en términos monetarios, sino también en términos de integridad, creatividad y responsabilidad, los activos se convierten en el verdadero tesoro que todos buscamos.
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