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En invierno y en verano, ganadero y hortelano

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Ramiro Santa

Desde la huerta, en compañía de las lechugas despelucadas, los repollos compactos y el amor puyudo entre la uchuva y la mora de Castilla, vemos caminar,subiendo la cordillera, a los campesinos. Son viejos en en su mayoría; unos con cantinas y otros con costales de tamaño mediano. Todos rumiando sus pensamientos con su sabiduría y saludando desde lejos con la mano. Ellos han dicho que no se pueden quedar entre las casas, ya que hay que ordeñar las vacas, cosechar la papa, las fresas y moras; pues el tiempo de la naturaleza no entiende de "las enfermedades que traen los que viajan desde otros países".

Cada uno piensa con su realidad, los macroeconomistas con su fórmulas para salvar sus indicadores, los comerciantes innovando con sus estrategias de mercadeo, los banqueros proponiendo créditos "baratos", y los empresarios e instituciones proactivas usando recursos y personal especializado para entender el entorno de su negocios, haciendo ejercicios de análisis de riesgos, reconociendo sus vulnerabilidades, las probabilidades de ocurrencia, siguiendo la evolución del problema, haciendo la estrategia de continuidad de negocios, y tomando decisiones acertadas para contener los impactos negativos con información real y oportuna.

El empresario del campo, ya sea pequeño y grande, sigue el ritmo y la sabiduría de la naturaleza, asegurando así la producción agrícola, avícola, piscícola, forestal o ganadera. Además, continúa con su rutina exigente, permanente y sistemática de aseguramiento de la producción; pero ahora y más que nunca, sabe que esta es la oportunidad para que Colombia se de cuenta que la viabilidad de un país está en la prioridad que se le dé al Cuidado del campo. Esta coyuntura debe servir para que todos entendamos que son los campesinos los que nos mantienen a todos vivos, saludables y con capacidad para poder trabajar, producir y crecer.

Visto en positivo, esta es la mayor oportunidad para el gobierno y la sociedad. Esta coyuntura da para que junto con los productores (gremios) y consumidores finales, se revisen las rutas críticas de las cadenas de producción; dónde para nadie es desconocido que los problemas importantes son: la falta de infraestructura, particularmente de distritos de riego y centro de acopio locales y regionales para el manejo de la pos cosecha*, las vías terciarias, el costo exagerado de los insumos, la falta de semillas certificadas, los costos absurdos de los equipos que optimizan los procesos, los costos de transporte de los alimentos a los centros de consumo, el incoherente costo, plazo y celeridad de los créditos, los costos de la intermediación, la importación de alimentos, los precios y tiempos de pago a los productores por parte de los grandes compradores o intermediarios.

Este gobierno ha sido especialmente presente, cumplidor y activo con el agro, pero, mientras no halla una prioridad en la infraestructura, la exención total de impuestos de todos los insumos y maquinaria para la producción de los productos del campo y materias primas para la producción de nuestra comida y medicinas, no tendremos futuro como país. Colombia también debe iniciar la transición de la mayor industria de exportaciones (petróleo) a la industria que nos ofrece el campo. Esta coyuntura ya nos está confirmando que nuestra futura economía, nuestro futuro empleo, nuestra salud y nuestra seguridad están en la agricultura, ganadería, avicultura, forestería, piscicultura y agroturismo.

*Las pérdidas por el inadecuado manejo en la pos cosecha y la dificultad de llegar a los lugares de consumo se estima alrededor del 40%

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