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Derecho de asociación

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Ramiro Santa

La velocidad del desarrollo, de los avances tecnológicos, de la legislación, de la conciencia ambiental, del escrutinio público, de la necesidad de tener una ética superior para la cotidianidad de las decisiones y acciones dónde ya no es correcto actuar sin responsabilidad, nos ha cambiado el escenario, las necesidades y la forma de ver los negocios.

Los negocios deben trascender más allá del aquí y el ahora, no es suficiente sólo pensar en los accionistas o en los clientes; hay que pensar en todos los agentes involucrados que hacen que nuestro producto o servicio tenga la capacidad de agregarle valor a toda la sociedad. Sin dañar a nadie, y siempre pensando en crecer en tamaño, beneficios e impactos positivos. No es suficiente el cumplimiento de la ley, pues el escrutinio público, el cumplimiento de estándares, revisión de pares, las auditorías, la sociedad y el cliente informado exigirá, elegirá y premiará con su elección y capacidad de influencia.

Si estudiamos o recordamos las prácticas cotidianas del pasado en las fincas, en los servicios públicos, en el transporte, en la educación, en los productos, en la democracia, y hasta en las mismas relaciones laborales, todos podemos confirmar que sí hemos vivido cambios fundamentales. Hemos adoptado mejores prácticas, y, hoy más que nunca, sabemos que tenemos una responsabilidad, para nosotros, nuestros hijos, nietos y las generaciones venideras, que incluye cuidar el ambiente, comunidad, empresa y país.

Como en todo proceso cultural, también hay bloqueadores, contradictores, los que no se enteran y los que no se quieren enterar y que poco a poco se van quedando fuera del mercado, fuera de las conversaciones y las posibilidades de compartir y/o generar valor. Es el caso de algunos sindicatos, que aún mantienen como misión la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, dónde el patrón es el contradictor, y el objetivo es mantener sus privilegios sin importar el contexto ni la realidad de su entorno. Esta situación, que explica cómo la membresía sindical cayó debajo del 7%, no visto desde el año 1932, con cifras como las de Francia en 7,7% o Alemania 18,1%, confirmando que los paros y protestas pueden ser una estrategia para mostrar capacidad, y eventualmente logros, para conquistar nuevamente afiliados.

No podemos perder la capacidad de asociación de los trabajadores, pero con un propósito que, además de incluir la calidad y excelencia en el trabajo, debe apostar por el éxito de la empresa o institución. La asociación debe guiarse por una serie de metas e indicadores, que aseguren el bienestar y el cuidado de todos los involucrados. Así mismo, los sindicatos deben entender que no es suficiente cumplir con la ley; pues hay estándares, revisiones de pares, mejores prácticas y posibilidades de mejora para los trabajadores, la empresa, las instituciones y la sociedad, que se logran con propuestas, conversación, representación, representatividad y trabajo político.

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