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Escuela de Gobierno de Harvard 10/06/2021

Equidad científica territorial

Pedro De la Torre
PhD en Ciencias Aplicadas - Escuela de Medicina de Harvard

Estudié en la Escuela Niño Jesús de Praga en Hibácharo (Atlántico), descendientes de la etnia Mokaná, no tienen agua potable constante, ni cuentan con una biblioteca para los niños. Egresé de la Universidad del Atlántico, la cual desde el 2006 hasta la fecha, ha tenido ocho rectores. Allí me contaban los mililitros de etanol para desarrollar la tesis en medio de la precariedad que aún padece mi querida Alma Máter. Hoy catalogo esto como Inequidad Científica Territorial, y se relaciona con menos fuentes y oportunidades de financiación, pérdida del talento, ausencia de autonomía científica por la carencia de infraestructura, y muy bajos retornos monetarios y de reconocimientos académicos que padecen en especial los investigadores de las zonas periféricas, incluyendo su pobre participación en las instituciones científicas que los representan.

Solo para el 2019, los datos de Minciencias muestran que Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca están en el top tres con más personas formadas y competitivas del país. Se categorizaron 16.796 investigadores de todas las áreas científicas en Colombia. Bogotá registró a 5.373, Antioquia a 2.919, y Valle del Cauca a 1.316. Juntos acumulan 9.608 investigadores (57,2%), más de la mitad en el país. En cambio, Atlántico registró a 1.294, Guajira a 141, Magdalena a 239, Chocó a 36, Amazonas a 21, y Guainía a un investigador.

Colombia padece de Inequidad Científica Territorial, de estancamiento del talento humano y de falta de oportunidades en especial en las zonas periféricas, siendo intensificado por el racismo, el centralismo, bajos salarios, y la pobreza. Hoy yo estoy en la Universidad de Harvard, quizá el único investigador del Caribe en esta gran institución, lo cual, per-se, es un reflejo del mismo fenómeno que padecemos en el país.

Inspirados en la ley y la Misión de Sabios, Minciencias acertó y dio un primer paso con algunos programas de regionalización, pero insuficientes para saldar esta deuda histórica desde el Estado. Mientras Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca son líderes con la mejor infraestructura (lo cual debemos adaptar en otras zonas), en las periferias existe una escasa probabilidad de competir en número, atraer capital y pobre autonomía científica. Un ejemplo, pruebas de PCR para SARS-COV2 viajando desde el Caribe a Bogotá para recibir un resultado cuando un paciente ya ha fallecido.

En las periferias, los investigadores también tienen pocas posibilidades de mejorar sus currículos debido a una categorización de revistas que discrimina al número de científicos en una investigación (si hay más de tres). Esto rompe la regla número uno de la ciencia, establecer colaboraciones, puesto que la participación de muchos científicos en un proyecto se refleja en la solidez de las conclusiones, reproducibilidad, y probabilidades de generar industrias desde la ciencia que mejoren el Producto Interno Bruto, pero en Colombia esto se penaliza con menos salario en el sector público. Pensemos como un solo país y creemos una política pública de Equidad Científica Territorial que no dependa del gobierno de turno, y que entregue un mínimo de infraestructura, dignidad y autonomía a las periferias en cooperación con los grandes científicos de las otras zonas, a quienes extiendo mis respetos y elogios.