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Analistas 03/11/2021

Parqueo en vía: un ejercicio social

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Bienvenido el parqueo en vía a la caótica Bogotá. Una dinámica que, sin ínfulas de protagonismo, tiene la capacidad de jalonar discretos pero importantes cambios en la esquiva cultura ciudadana. Si se implementa bien, el que parece un ejercicio sencillo, podría convertirse en sinónimo de orden y referente de respeto. Dos cualidades que escasean en la Colombia de estos tiempos.

Buena parte de los trancones, que hoy nos roban calidad de vida, guardan relación directa con quienes se estacionan de cualquier manera en calles y avenidas. Ante la falta de medidas, nulo es el llamado a la conciencia y mínimo el asomo de autorregulación. Terminan ganando el descaro y el egoísmo que se escudan, cual compinches, en la ausencia de castigo.

Rara vez la excusa de los ′cinco minuticos que acompaña la indebida ocupación de vehículos en el espacio público se traduce en inmovilizaciones o multas. Los infractores lo saben y, al ver que nada pasa, las malas conductas se acentúan.

A este país le cuesta pensar en colectivo. Es quizá nuestro mayor defecto. Somos una sociedad de individualismos a la que poco le preocupa el impacto negativo que pueda sufrir el vecino. Una sociedad que no se detiene a pensar en culpas ni da cabida a reproches. Por eso resultan tan necesarias experiencias que, como esta, nos obligan a desaprender.

Así suene extraño, los cajones de parqueo serán una especie de maestro. Nos llevarán a entender, a través de una acción cotidiana, que existen reglas y que romperlas cuesta. Sobre todo porque que la estrategia no viene sola; 20 años después, el regreso triunfal de los cepos aportará a la compleja labor. La que para muchos es una decisión odiosa, en realidad es una invitación a convivir con responsabilidad y disciplina. Esta suerte de candados gigantes′ lo que pretenden es doblegar la muy desagradable y colombiana costumbre de hacerse el vivo.

Y es que también pasará a prueba la honestidad. Más de 40 guardias civiles, ejerciendo funciones de tránsito, tendrán la potestad de hacer comparendos a quienes irrespeten la norma. Además, portarán cámaras en el uniforme para evitar sobornos. Sin embargo, la herramienta no es infalible. Cansados estamos de confirmar que de mañas y artimañas está hecho el hombre.

Hacerle el quite al eterno juego de arreglar bajo cuerda, se convertirá, entonces, en la otra gran apuesta. En una especie de llamado a la integridad. Con cada episodio comprometedor, deberá abrirse paso la voluntad personal de romper con la tentadora práctica de la ′mordidita‵. Esa que perpetúa la corrupción que tanto decimos despreciar. Esa que deja al descubierto el doble rasero con el que solemos medirnos.

Será pues, el parqueo en vía, un nuevo actor que no la tendrá fácil. Al principio nos hará renegar por el desbarajuste perdido y extrañaremos el desorden del que sabíamos sacar provecho. Sentiremos nostalgia, durante un tiempo, por ese caos que no exigía ningún cuestionamiento. No obstante, la nueva norma irrumpirá para incomodar nuestro facilismo. Aparecerá, para hacernos repensar en nuestros deberes y recordar que no todo son los derechos. Llegará, para permitirnos disfrutar, aunque sea un poquito, de los efectos positivos de ser solidarios, decentes y empáticos.