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Analistas 19/11/2021

¿No hay por quién votar?

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Hace unas cuantas semanas, el alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Josep Borrell, en su visita a Perú, se refería con preocupación a la caída en los índices de confianza en la democracia que experimenta América Latina. Recordaba que la libertad de elegir gobernantes es uno de los procesos que la fortalecen y hacía énfasis en la importancia del respeto por los resultados. Nada nuevo, ¿verdad?

Tal vez el mensaje que llevamos escuchando por años, acerca de los pilares democráticos, sea el mismo. Sin embargo, hay recordatorios que resultan necesarios. No es un asunto menor que los colombianos, a estas alturas, sigan sin saber en quién depositar su voto en las próximas elecciones presidenciales. La radiografía que, por ahora, dejan las encuestas, confirma lo que se escucha en las conversaciones de calle: los indecisos son mayoría.

A seis meses de la primera vuelta presidencial, en el país hay poco fervor por acudir a las urnas y parecería que la partida la está ganando la apatía. “No tengo candidato”, “Ninguno me convence”, son frases que se repiten cada vez con mayor frecuencia. Sumidos en peleas personales, shows mediáticos y presa del ego, la nutrida lista de aspirantes corre el riesgo de quedar solo en eso. En una avalancha de nombres con hojas de vida rimbombantes que con el paso de los días pierde, a cuentagotas, la oportunidad de conectar con la gente.

El desalentador panorama debería ser un cimbronazo para todos. Inquietos tendrían que estar tanto los partidos tradicionales y los mal llamados caciques, hasta quienes recogen firmas o se alistan para someterse a consultas. Deberían incomodarse, incluso, aquellos que dicen ser los ungidos y con soberbia juran que cabalgan sobre terreno seguro. Mientras de lugares comunes, típicas promesas y populismo están plagados buena parte de los discursos, el electorado luce distante.

Como están las cosas, con porcentajes de intención de voto tan bajos para todos los precandidatos, con una marcada disposición a depositar el cartón en blanco y encabezando las mediciones los que todavía se resisten a dejarse capturar por alguna de las propuestas, nadie puede sentirse ganador. Por el contrario, se abre camino el abstencionismo para convertirse en la opción que podría dar la sorpresa. Una posibilidad que, aunque válida, no sería sana.

La jornada de 2018 logró doblegar un poco la indiferencia y romper con el que parecía un inamovible promedio: el del 50% de abstención. El próximo año, en la cita del 29 de mayo, retroceder significaría un muy mal síntoma. También queda viva, en la foto de hoy, una dura pelea por derrotar los más de 800.000 sufragios en blanco que, en la segunda vuelta, de la pasada contienda, empezaron a dar pistas de la insatisfacción y se convirtieron en los más altos en dos décadas.

El balón está en la cancha de quienes dicen tener las ideas, el conocimiento y las ganas para tomar las riendas de esta emproblemada república. Su tarea es, por tanto, empezar una campaña seria con menos peleadera y más sustancia. Su misión, para la que se les está haciendo tarde, es conquistar y convencer. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas. En Colombia aumentan las voces que consideran que no hay por quién votar.