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Analistas 24/08/2021

Lo que es con ellas es con todas

Paula García García
Conductora Red+Noticias

¡Si las callan a ellas nos callas a todas! Hablo de las mujeres afganas. De esas millones de féminas que en un abrir y cerrar de ojos dejaron de existir. Y es que, vivir con semejantes restricciones es casi dejar de vivir. A poco más de una semana de la toma del poder por parte de los talibanes, nos enfrentamos a la indignación del momento. Todavía se siente, todavía palpita. Sin embargo, lo que sucede a cientos de kilómetros de nuestra realidad, no tardará en volverse paisaje. Así funcionamos los seres humanos. No obstante, me resisto a doblegarme ante la resignación.

Quizá con una columna no se logra cambiar el mundo, pero se puede aportar a la reflexión colectiva sobre lo urgente. Se consigue incomodar, inquietar, movilizar. Ese, es en esta ocasión mi objetivo. El grito de libertad, igualdad y fraternidad, el mismo que nos recuerda el camino recorrido, tiene que retumbar, más fuerte que nunca, justo ahora. Perder el terreno ganado, a manos de despiadados extremistas, debería significar una derrota para cada una de las representantes del género alrededor del planeta.

A decir verdad, la respuesta mundial ante la arremetida de represión y violencia en Afganistán luce tibia. Entre práctica y tímida. Estados Unidos empieza a sacar del país a sus antiguos colaboradores e intenta lavarse las manos por lo que salió mal en sus dos décadas de intervención militar. Sin reparos, admite que nunca pretendió construir una nación. Solo buscaba defender sus intereses. La Unión Europea, en tono ambiguo, se refiera a la necesidad de un nuevo enfoque de cara a las circunstancias actuales y, frente a posibilidad de acoger refugiados en su territorio, se fragmenta. China y Rusia, siempre hábiles y estratégicos, toman partido por quienes ahora ostentan el mando. Lo que en realidad vale para ellos es estar del lado contrario de los gringos.

Mientras unos dictan sentencias y otros esquivan culpas, ¿quién se preocupa por los horrores que están padeciendo las mujeres? Más allá del cubrimiento mediático que con algo de morbo genera un interés desbordado, a muy pocos parecería importarles su situación. En medio de la zozobra, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer se pregunta qué suerte correrá el asiento que hace tan solo un año, y por primera vez, logró Afganistán en esta entidad. Un hecho inédito que pasa de agache. Desde ONU Mujeres, entre tanto, se limitan a hacer un escueto llamado para que la respuesta mundial a la crisis centre sus esfuerzos en el respeto por sus derechos. No pasa mucho y en cambio sí, se repite el libreto: los poderosos resuelven a conveniencia ignorando problemáticas subyacentes que terminan quedando huérfanas.

Sepultar el lado femenino de una sociedad trae consigo un enorme retroceso. La presión al unísono de la comunidad internacional y sus múltiples instituciones que, por cierto, suelen quedarse cortas en sus actuaciones, al igual que la presión de la opinión pública sin distingo, resultarán cruciales en la transición que vaya a darse. Cualquiera que sea.

No se trata, como aseguran, desde un cómodo atril, el presidente ruso Vladimir Putin y muchas otras voces, de imponer de forma irresponsable valores externos. Se trata de una franca violación a los derechos humanos. ¿Las vamos a dejar solas?