Analistas 18/11/2020

Lavado de manos, privilegio de pocos

El virus que tiene en jaque al mundo y con ganas de volvernos a confinar puso a hablar al planeta del lavado de manos. Ni el mejor guionista de ficción hubiese imaginado que un hábito tan sencillo tendría el poder de prevenir una enfermedad con potencial letal. Sin embargo, no todos pueden hacerlo. El llamado a cumplir cada dos horas con el ritual del agua y el jabón esconde una problemática que arrastra años de negligencias.

Una de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a agua potable y 3.000 millones de seres humanos carecen de instalaciones básicas para el lavado de manos. Así lo revela el programa de monitoreo Progresos en materia de agua potable, saneamiento e higiene del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La cifra, que debería ser alarmante, se suma a los 4.200 millones de personas que, según el Informe Mundial de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020, no poseen sistemas de saneamiento seguros.
¡Hay que lavarse las manos, pero resulta que no hay cómo! Mientras los discursos lo aguantan todo, la realidad nos aterriza en los imposibles.
Ahora bien, en el plano interno el balance tampoco es muy alentador.

Colombia se raja en el Índice Nacional de Salud 2020 que compara en este y otros aspectos a los 37 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Mientras 19 de ellos registran 100% de cobertura en agua potable tanto en zonas rurales como urbanas, el país se lleva el puntaje más bajo con un alcance de 46,4 personas por cada 100 habitantes en el área rural.

Aunque el coronavirus ha centrado la discusión en la importancia de fortalecer los sistemas de salud, ha llevado al límite de la resistencia hasta a las economías más estables y ha puesto a prueba la capacidad paternalista de los Estados, un frente parece olvidado. ¿Cuándo vamos a ocuparnos de garantizar el acceso al agua?

El mundo no puede quedarse cruzado de brazos tan solo registrando estadísticas. La actual emergencia sanitaria debe ser la bofetada contra la indiferencia de una deuda que necesita ser saldada. Urge que demuestren para qué fueron creados el nutrido ramillete de organismos multilaterales cuyo sostenimiento cuesta millones de dólares al año, o de lo contrario, replantear su existencia.

¡Menos alertas y más acciones! Esa debe ser la consigna. No tener acceso a un servicio considerado básico, como el agua potable, es indigno. Lavarse las manos tiene que dejar de ser privilegio de pocos y convertirse en una frase que se pueda conjugar.