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Analistas 10/02/2021

Hablemos de 2022

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Expectativas de prontas renuncias―caso Marta Lucia Ramírez, repentinos intereses de diálogo ―arranque tipo Gustavo Petro, saltos al vacío con tintes de independencia estilo Rodolfo Hernández, hasta coaliciones de pesos pesados que se la juegan por la tan manoseada ideología de centro. Así van las cosas de cara a las presidenciales de 2022.

Las movidas se aceleran y el ritmo promete ser cada vez mayor. Pero ¿qué tenemos a hoy?, ¿un ilustre abanico de aspirantes o un revoltijo de intereses que a como dé lugar buscarán acomodo?

Sin desmeritar a nadie, me inclino más por lo segundo que por lo primero. Las personas quieren ser presidentes por muchas razones. El poder, por supuesto, es el motivo que más cuenta y también el que más cuesta. Quienes deciden meterse en la competencia terminan negociando, o traicionando, depende de cómo se le mire, varias de sus posturas.

Los políticos saben de cuentas. Primero restan, después dividen, para terminar sumando apoyos a conveniencia. Detrás de cada alianza hay intereses específicos. Eso hay que mirarlo con lupa. La de centro, que empieza a tomar forma y luce muy ′santista‵ por cierto, no será la única. Se dice que la derecha trabaja en una estrategia similar, mientras que la izquierda, liderada por Petro, no se resigna, con desespero explora en dónde le pueden dar cabida.

Dos posibles candidatos, los ex alcaldes Alejandro Char y Federico Gutiérrez, permanecen aún cautos. Hay que ver hasta cuándo. El reloj de la contienda no da mucha espera. Sin embargo, sobre ellos existe una incógnita. ¿Competirían cada cual por su lado?, ¿se unirían como fórmula de campaña?, ¿quién cedería su postulación a la presidencia para quedarse como coequipero?

El escenario es variopinto y todavía no es claro si entrará en el baile el exministro Alejandro Gaviria para el que los coqueteos abundan. Por lo pronto, todos dicen tener la solución a los múltiples problemas que afronta el país y aseguran ser capaces de hacerlo mejor que aquel que está al mando.

La promesa se repite cada cuatro años. Desde afuera todo se ve más sencillo ―pregúntenle a Claudia López, pero como la realidad supera la ficción, hay que dejar de comer cuento. Nadie tiene la varita mágica para terminar de tajo con años de olvido, inoperancia y atraso. Somos una nación compleja.

Mi invitación, por eso, es a que como electores, poseedores del sagrado derecho a escoger a nuestros gobernantes, reflexionemos desde ya sobre lo que necesitará la Colombia pospandemia. Una Colombia muy distinta a la de hace apenas un año.

La incertidumbre del presente dejará sentir sus ecos un rato más. La sociedad quedará golpeada y la economía desbarajustada pidiendo a gritos auxilio. Resultará difícil esquivar la incómoda tarea de aumentar el recaudo estatal, al igual que se agudizará el debate acerca de cómo desterrar las violencias que nos tienen inmersos en las dinámicas perversas de masacres, secuestros y extorsiones.

¿Qué asuntos exigirán atención inmediata?, ¿quiénes proponen soluciones aterrizadas y responsables?, si el pasado es una construcción, ¿qué rumbo debería tomar la taquillera discusión sobre el acuerdo de paz? Esta, respetados lectores, es una introspección que dejo, no por mucho, en puntos suspensivos.

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