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Analistas 02/04/2026

Es la hora -no el cuarto de hora- de las mujeres

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Siempre me he cuestionado el machismo que rodea a las instituciones. Desde la iglesia para abajo, la historia ha forzado normalizar al hombre como la gran cabeza que dirige y ordena, sin que a la mujer se le permita romper la barrera del rol secundario. En la mayoría de los casos sigue siendo la coequipera, la que complementa la estrategia, la subgerente, la vicepresidenta. Son tan escasos los espacios de liderazgo pleno que, en Colombia, por ejemplo, en pleno siglo XXI, registramos con extrañeza que una mujer comande la Fiscalía General de la Nación o que, por primera vez, tengamos, en lugar de un Defensor del Pueblo, una Defensora.

Ellos deciden, ellas secundan. A ellos les celebran los excesos, a ellas las juzga la sociedad sin misericordia. Ellos abandonan, ellas verán de qué forma se las arreglan. Estos son los patrones que aún dominan. Varias luchas ganadas, sin duda, pero un camino espinoso todavía por recorrer que merece una discusión de alto nivel alrededor de la participación real que se concede a la mujer, sobre todo, en los entornos laborales tanto públicos como privados.

Las denuncias de acoso sexual que sacuden por estos días a la opinión pública son en buena parte resultado de dichas dinámicas sexistas. Una errada percepción de inferioridad femenina que no es otra cosa que discriminación camuflada y que termina, como en los casos materia de investigación, por cosificar a la mujer. Aunque suene a frase trillada, hay que repetirlo: nada supera la valentía de las denunciantes en un mundo que encuentra en el desprestigio una poderosa herramienta descalificatoria. Para la muestra, los cientos de comentarios que, sin contexto alguno, gradúan a las víctimas de provocadoras.

Si bien la sororidad que han despertado estos hechos ha emergido con tal fuerza que tiene paralizado al género opuesto, la polémica del momento está obligada a trascender el morbo e instaurarse como un punto de quiebre. Sin marcha atrás. Nunca más la estigmatización de “vieja loca” a la mujer que hace sentir su voz. Nunca más la etiqueta de “ofrecida” a una mujer que se muestra cómoda con su físico. Nunca más una mujer tratada como adorno y ser carente de inteligencia. Nunca más mujeres intimidadas por quienes se aprovechan de la superioridad -efímera, por cierto- que otorga un cargo.

Decepciona, lo confieso, revisar la literatura alrededor de la conducción femenina en las organizaciones y encontrar conceptos que señalan que las cualidades para liderar suelen ser percibidas como masculinas, mientras una mujer cálida es calificada de incompetente o débil. Regocija, entre tanto, aquella que reconoce, a modo de condiciones propias de las mujeres, la capacidad de escuchar, la empatía, la preferencia por el trabajo en equipo y su contribución positiva a los entornos laborales. Entusiasman, por otro lado, textos de autores como Kulkarni y Mishra que describen, dentro de los aspectos femeninos a destacar, a nivel organizacional, el estilo de liderazgo democrático -por estos días en vía de extinción- y una mayor capacidad para decidir en contextos de crisis.

No se trata de tokenismo (estrategia superficial de inclusión con el objetivo de aparentar diversidad). Se trata de un cambio de chip verdadero y definitivo en el que los hombres tienen mucho por aportar. Es la hora -no el cuarto de hora- de las mujeres.

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