Analistas

Para los conservadores, una realidad alterna

Me imagino que los filósofos están molestos con el uso del término “cierre epistémico” para hacer referencia al cierre de la mente conservadora – eso no es lo que quieren decir cuando la usan.

 

No importa: es el término que todo mundo está usando. Y los informes recientes son un recordatorio de qué tan cerrada realmente es esa mente.
 
Empezando con Bruce Bartlett, un ex asesor de los presidentes Ronald Reagan y George H.W. Bush, quien menciona en su reciente mea culpa en la revista The American Conservative que cuando preguntó a colegas conservadores qué pensaban sobre algunas declaraciones políticamente incorrectas citadas en The New York Times, resultó que desconocían completamente la situación – no leían The Times, ni siquiera para saber lo que decían sus enemigos. Tal vez esta actitud explica, en parte, la increíble debacle de los sondeos de Mitt Romney. Ahora sabemos que las encuestas internas del Sr. Romney estaban ampliamente equivocadas y que, increíblemente, llegó al Día de la Elección seguro de su victoria.
 
Mi pregunta inmediata no es tanto por qué esas encuestas estaban equivocadas, sino más bien por qué la campaña no tenía serias dudas sobre lo que sus encuestadores les estaban diciendo.
 
Quiero decir, cualquiera que haya hecho un clic al blog FiveThirtyEight de Nate Silver obtuvo una perspectiva muy distinta de la contienda, con la vasta mayoría de las encuestas públicas dando ventaja al Sr. Obama.
 
¿Por qué el Sr. Romney, o alguien más de alto nivel, no cuestionó duramente por qué las encuestas internas eran tan distintas y por qué los encuestadores creyeron saber más que los demás, no sólo que las encuestas públicas sino también que el obviamente confiado equipo de Obama? ¡Tal vez la respuesta sea que nadie de ese lado siquiera consideró darle un clic a un blog del Times! Recuerde que el Sr. Romney se metió en un gran problema en uno de los debates porque aparentemente sacó de Fox News su historia sobre Bengasi, desconociendo que la versión de Fox, ya sabe, no era cierta.
 
Todo esto, a su vez, creo que se vincula con un fenómeno que noto mucho en la derecha (lo puede ver a menudo en los comentarios): la persistente representación de gente que discrepa con ellos como figuras marginales con apoyo trivial. Me imagino a Bill O’Reilly, comentarista de Fox News, descartando como “de extrema izquierda” a cualquiera que presente datos que no le gusten, incluso si son completamente comunes. O, siendo egocéntrico, la insistencia constante de algunas personas en que nadie pone atención a lo que dice su seguro servidor: al parecer, hay muchísimos “nadie”. No estoy seguro de entender completamente este fenómeno, pero en parte viene de una negación a poner un poco de atención a lo que dice la otra gente.
 
El punto no es sólo que los de ala derecha creen en su propia realidad, sino que no creen que importe que otra gente tenga distintas versiones de la realidad. Y no, no es simétrico: los liberales no consideran innecesario saber lo que piensan los conservadores, ni descartan como marginales a personalidades realmente influyentes. Los liberales pueden despreciar a Rush Limbaugh, pero no lo descartarán como personalidad marginal a la que nadie escucha.
 
En cierta forma, el cierre epistémico de la derecha ha sido fuente de fortaleza; la gente del ala derecha ciertamente no negocia con ellos mismos.
 
Pero la realidad tiene una forma de hacerse notar, eventualmente, y la derecha realmente no sabe qué hacer cuando eso pasa.