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Lúgubres expectativas en Gran Bretaña y Estados Unidos

Hay una interesante mezcla de contrastes y similitudes entre los debates de política en Gran Bretaña y Estados Unidos en este momento. En ambos países – como en todos los que conservan su propia moneda y que tienen deuda denominada en moneda nacional – las tasas de interés están cerca de niveles bajos históricos.

 

Sin embargo, la Gente Muy Seria cuenta una historia muy distinta para cada nación. En Estados Unidos, supuestamente tenemos bajo costo de endeudamiento pese a nuestro déficit presupuestal – y si no implementamos inmediatamente el plan Bowles-Simpson, los vigilantes de los bonos atacarán. ¡En Verdad! ¡Ahora sí va en serio!
 
Mientras tanto, en Gran Bretaña, la línea oficial es que las bajas tasas de interés son un premio por toda esa austeridad fiscal – y la Gente Muy Seria se molesta y se torna insultante si alguien bien informado señala que una explicación mucho mejor es que los inversionistas esperan que la economía siga débil, y de ahí que las tasas de corto plazo permanezcan bajas durante mucho tiempo. Desempaquemos esto un poco.
 
Es muy difícil pensar algún motivo por el que Estados Unidos o Gran Bretaña pudieran caer en impago, puesto que simplemente pueden imprimir dinero si necesitan efectivo. Y dada la ausencia de un verdadero riesgo de moratoria, las tasas de interés de largo plazo deberían ser casi iguales que un promedio de las tasas de corto plazo que se esperan a futuro (no exactamente iguales, debido al riesgo de madurez, pero es un detalle bastante menor). Entonces, si la gente espera que las economías estadounidense y británica estén deprimidas durante mucho tiempo, con los bancos centrales manteniendo bajas las tasas de interés, las tasas de interés de largo plazo también serán bajas – fin de la historia.
 
¿Pero la impresión de dinero no causará inflación?
 
No, siempre y cuando la economía siga deprimida. Los déficits presupuestales podrían llevar a que la gente espere mayor inflación en el futuro, una vez que la caída finalmente culmine – pero eso sería algo bueno para la economía en el corto plazo, desalentando que la gente se siente sobre su dinero y debilitando el tipo de cambio, por tanto haciendo más competitivas las exportaciones.
 
El punto, entonces, es que todo el argumento de “credibilidad” es incoherente.
 
Historias de los Veintes
 
La década de 1920 – cuando varios de los victoriosos aliados emergieron de la I Guerra Mundial con mucha deuda en su propia moneda – de cierta forma ofrece el paralelo más cercano a las inquietudes de deuda que dominan el debate reciente. Y se me ocurrió que sería útil hacer una comparación entre Gran Bretaña y Francia.
 
Ambos países enfrentaron su deuda en forma muy distinta.
 
Gran Bretaña fue un modelo de ortodoxia, volviendo al estándar de oro y registrando enormes superávits primarios para pagar sus deudas; Francia, que tenía un sistema político más débil, terminó inflando gran parte de su deuda y aceptando una gran devaluación del franco.
 
Entonces, ¿cómo les fue a ambas economías? No deberíamos empezar el reloj en 1918, porque Francia en parte era un campo de batalla, y se podría esperar que tuviera cierto rebote conforme se arreglaba el daño de la guerra. Entonces, veamos en el primer gráfico de esta página el producto interno bruto real a partir de 1913, obtenido de Maddison Database, y la deuda, de la base de datos de deuda del Fondo Monetario Internacional, en la segunda gráfica.
 
Entonces, la virtud no fue premiada, y la debilidad política francesa de hecho llevó a un mejor desempeño económico.