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Los banqueros llevan a Chipre al borde del abismo

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¿Qué tienen de especial las islas que rodean la periferia de Europa? ¿Hay alguna psicología peculiar en la proximidad e ilusión de aislamiento que las hace que se conviertan en paraísos para bancos fuera de control? Las mentes curiosas quieren saber.

En cualquiera de los casos, la historia de Chipre tiene paralelos obvios con la de Islandia e Irlanda, con el L.D.G.R., – el lavado de dinero de los gánsteres rusos – como ingrediente extra. Las tres naciones isleñas tuvieron un periodo de rápido crecimiento conforme su estatus de paraísos bancarios los dejó con sistemas bancarios demasiado grandes como para salvarlos. Islandia, en su cúspide, tenía bancos con activos que igualaban 980% del producto interno bruto (PIB); en Irlanda era de 440%. Chipre, con alrededor de 800%, se acercó más a Islandia en este sentido.

En los tres casos, los bancos descontrolados fueron la fuente de la crisis – aunque no todo mundo parece entenderlo, ni siquiera ahora. En cualquiera de los casos, la cuestión es qué hacer al respecto.

Islandia salió de la crisis con menos daño que Irlanda, por dos motivos. Primero, dejó que sus bancos declararan default a sus pasivos con acreedores externos, incluyendo depósitos en cuentas en el exterior. En segundo lugar, tenía la flexibilidad que viene de contar con moneda propia.

La ventaja monetaria de Islandia ayudó al ajuste real de la economía; también permitió cierta represión financiera casi nada perjudicial porque la depreciación de la corona (aunada a controles de capital temporales) llevó a un breve estallido de inflación que erosionó el valor real de los depósitos. Los ahorradores resultaron afectados – pero con los bancos habiendo superado hasta en 10 veces el tamaño del PIB, eso iba a pasar de una forma u otra.

Chipre, desafortunadamente, parece estar haciendo algo mal. Para ser justos, el impuesto propuesto a los depósitos de hecho fue menor que las pérdidas reales sufridas por los depositantes islandeses (y también perdieron en sus activos monetarios). ¡Pero eso apenas es el comienzo! Incluso con el default efectivo a los depósitos, Chipre necesitará un enorme préstamo de la troika – el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional – y la condición para este préstamo será una dura austeridad. Esto se ve como el principio de un interminable e inconcebible sufrimiento. ¡Vienen los rusos! ¡Vienen los rusos! ¿Qué tan grande es el factor ruso en la crisis de Chipre? Muy grande, pareciera. En el Financial Times, la blogger de finanzas Izabella Kaminska informó de algunos cálculos que indican que €19.000 millones de depósitos de nacionales rusos están en bancos de Chipre, más que el PIB del país. Aunque no soy experto en esta área, me pregunto si no es una subestimación; dado lo que pensamos saber de la naturaleza de gran parte de este dinero ruso, ¿realmente todo está siendo declarado como ruso?

Permítanme presentar un punto más amplio: ahora hemos visto tres naciones isleñas de alrededor de Europa que se convirtieron en enormes ejes bancarios internacionales en comparación con su PIB y que luego entraron en crisis porque sus economías internas no tienen recursos para rescatar a esos sistemas bancarios metastizados si algo sale mal. Esto sugiere fuertemente, al menos para mí, que tenemos un problema fundamental con toda la arquitectura (por usar la palabra elegante preferida) de las finanzas internacionales.

Siempre que no crea en la escuela del pensamiento de “todo es culpa de Barney Frank”, entiende que la crisis global de 2008 en un sentido fundamental fue posible por la erosión de la regulación bancaria eficaz. Tal como lo ha documentado el economista Gary Gorton, luego de la Gran Depresión hubo un “periodo tranquilo” de 70 años donde los países avanzados tuvieron muy pocos estallidos financieros importantes; el Sr. Gorton sostiene, y la mayoría coincidimos, que la clave para esta tranquilidad fue un sistema financiero contenido y regulado que también limitó las oportunidades de apalancamiento excesivo no bancario.

Pero esta regulación, a su vez, dependía, en un grado importante, de flujos internacionales de capital limitados; de lo contrario, las regulaciones tomadas en Washington u otras partes hubieran sido esquivadas vía paraísos como, bueno, como Chipre. Y una vez que esos controles de capital se empezaron a levantar en la década de 1970, entramos a una era de crisis financieras cada vez más grandes, empezando en Latinoamérica y luego en Asia, y finalmente impactando en todo el mundo.

Entonces, ¿qué vamos a hacer al respecto? Chipre, como país de la eurozona, realmente debería ser parte de una red de seguridad que cubra todo el euro reforzada por una regulación apropiada; en una locura imaginarse que el euro pueda manejarse exclusivamente de forma indefinida con un seguro nacional de depósitos. Pero el seguro de depósitos en la eurozona no parece estar en la mesa – y, de cualquier forma, hay muchos otros Chipre potenciales.

 

 

 

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