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La verdad sobre el movimiento de Sanders

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Los politólogos Christopher Achen y Larry Bartels publicaron recientemente una discusión reveladora sobre este tópico en The New York Times. A continuación el párrafo clave que probablemente va a hacer que hiervan los partidarios del senador de Vermont: “Los comentaristas que han estado listos y dispuestos a atribuir el éxito de Donald Trump a la ira, autoritarismo o racismo y no a cuestiones de política, han prestado poca atención al grado en que el apoyo del Sr. Sanders no se concentra en ideólogos liberales sino en hombres blancos disconformes”. (Lea aquí la publicación completa: nyti.ms/27QaCEp).

El punto no es satanizar, sino, si lo prefiere, “desangelizar”. Como cualquier movimiento político (incluyendo al Partido Demócrata, que sí, es una coalición de grupos de interés), el “sanderismo” es una colección de gente con una variedad de móviles, no todos bonitos.

A continuación una lista corta basada en mis propios encuentros:

1. Idealistas genuinos: sin lugar a dudas, muchos de los partidarios del Sr. Sanders sueñan con una sociedad mejor, y por algún motivo (tal vez porque son muy jóvenes) están dispuestos a descartar argumentos prácticos sobre por qué todos sus sueños no pueden lograrse en un día.

2. Románticos: este tipo de idealismo se confunde con algo más relacionado con la diversión y gratificación del ego que viene de ser parte de El Movimiento (los que éramos estudiantes en la década de 1960 y principios de la de 1970 reconocemos bastante a este tipo de gente) que con cambiar la sociedad. Durante cierto tiempo se sintió como una alegría maravillosa (especialmente entre los que no entendían de cuentas de delegados): los pobres jóvenes en marcha para derrocar a los viejos villanos. Pero hay una tenue línea divisoria entre el amor y el odio: cuando la realidad empezó a llegar, demasiados románticos reaccionaron cayendo en amargura, con afirmaciones coléricas en el sentido de que les estaban haciendo trampa.

3. Puristas: una cepa de cierta forma diferente en el movimiento, también conocida para los que tenemos cierta edad, consiste de personas para las que el activismo político tiene menos que ver con lograr cosas que con mostrar una pose personal. Son los puros e inmaculados que rechazan las corrupciones del mundo y a aquéllos incluso ligeramente manchados, lo que significa cualquiera que en verdad haya hecho algo. Muchos de los partidarios del Sr. Sanders fueron simpatizantes de Ralph Nader, del Partido Verde, durante las elecciones del 2000; los resultados de esa aventura no los incomodan, porque realmente nunca tuvo que ver con los resultados, solo con afirmar identidad personal.

4. Víctimas del STC: algunos de los seguidores del Sr. Sanders principalmente odian a Clinton. Están bajo la fuerte influencia del Síndrome de Trastorno Clinton (STC); saben que Hillary Clinton es mala y corrupta, porque eso es lo que escuchan todo el tiempo. No comprenden que la causa de ello es que multimillonarios del ala derecha han pasado más de dos décadas promocionando ese mensaje. El Sr. Sanders ha recibido cierto número de votos de demócratas conservadores que no están votando por él, sino en contra de la Sra. Clinton, y seguramente hay partidarios liberales que han absorbido el mismo mensaje, incluso si no ven Fox News.

5. Salón de los Rechazados: es un grupo chico, pero sus miembros explican muchos de los comentarios pro Sanders. En este caso, estoy hablando de intelectuales de política que por algún motivo han sido excluidos de los círculos internos de la cúpula demócrata, y quienes ven al Sr. Sanders como su boleto al éxito. Típicamente tienen puntos de vista heterodoxos, pero estas visiones no tienen mucho que ver con la campaña. Lo que importa es su estatus de ser “de afuera”, lo que les confiere interés en apoyar a un candidato “de afuera”, y los hace renuentes a aceptarlo cuando ese candidato ya no está ayudando a la causa progresista.

Entonces, ¿cómo se dividirá esta coalición de los “no siempre desinteresados” una vez que todo termine? Los idealistas genuinos probablemente comprenderán que independientemente de sus sueños, el Sr. Trump sería una pesadilla. Los puristas y las víctimas del STC no apoyarán a la Sra. Clinton, pero de cualquier forma nunca lo iban a hacer. Supongo que los intelectuales disgustados, al final, en general la van a apoyar.

La verdadera duda tiene que ver con los románticos. ¿Cuántos cederán a su amargura? Mucho podría depender del Sr. Sanders, y de si él mismo es uno de esos románticos amargados, incapaz de seguir adelante.

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