Analistas

Hora de realismo, no de magia

Para mí, es un territorio de cierta forma conocido: también fui escéptico de las promesas trascendentales de Barack Obama en 2008. Y entonces, como ahora, un número abultado de entusiastas no tardó nada en declarar que yo era un villano corrupto, desesperado por trabajar con Hillary Clinton.

OK, esto también pasará. Pero pensé que pudiera valer la pena hablar un poco más sobre en qué punto se encuentra ahora la gente como yo.

Primero que nada, para decir lo que debería ser obvio pero que a veces aparentemente no lo es: lo que a uno le gustaría idealmente y lo que uno piensa que puede lograrse no son lo mismo. Lo que a mí y a la mayoría de mis amigos expertos nos gustaría ver es lo que el economista Robert Heilbroner solía llamar una “Suecia Ligeramente Imaginaria”; esto es, un país con una fuerte red de protección social que proteja a todo mundo de la miseria inevitable, que provea a los trabajadores de sustancial poder de negociación y con una política ambiental firme. Un lugar donde la decencia básica sea un principio fundamental.

Pero nada de eso va a pasar pronto en Estados Unidos. Si en los próximos años, y probablemente en las próximas décadas, vamos a tener algún tipo de cambio radical, vendrá de la derecha, no de la izquierda.

Tal como lo señaló recientemente Matt O’Brien en The Washington Post, es altamente improbable que ni siquiera los cambios graduales que está proponiendo Clinton logren ser aprobados en el Congreso; los cambios radicales que está proponiendo Sanders no sucederían ni siquiera si los demócratas retomaran la Cámara de Representantes. O’Brien dice que las elecciones primarias demócratas son “como discutir qué es más real: un unicornio mágico o un unicornio normal. En cualquiera de los casos, seguimos contendiendo con una plataforma de unicornio”. Lamentablemente, es probable que sea cierto: las plataformas de los candidatos parecen más de aspiraciones que programas con probabilidad de suceder.

Pero en ese caso, ¿por qué no optar por el unicornio mágico? Por un par de motivos.

Uno es que hay grados de realismo: un programa que pueda ser implementado en parte si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes pudiera resultar ser una guía útil relativamente pronto, contrariamente a un programa que requiera una revolución política.

Otra es que, tal vez inevitablemente, la insistencia de Sanders en la necesidad de unicornios mágicos ha llevado a invocaciones de magia económica así como política. Hace un tiempo advertí que ni siquiera Sanders estaba dispuesto a sincerarse con los votantes sobre lo que sus ideales requerirían; que, en particular, estaba asumiendo ahorros poco realistas para encubrir la realidad de que bastantes estadounidenses de clase media resultarían perdedores netos en una transición hacia un sistema de salud de pagador único.

Y esto podría importar mucho en las elecciones generales. Seguramente, el candidato republicano, quienquiera que sea, estará ofreciendo planes obviamente disparatados. Pero si su oponente demócrata también ofrece un plan que no cuadre, ya se sabe que los medios presentarán la situación como simétrica, aun cuando no lo sea. (Y no lo sería: lo que sea que parezca problemático respecto a la plataforma de Sanders, las fantasías del Partido Republicano están en una liga completamente diferente.) Por esto es importante sacar a la luz ahora las críticas a Sanders, no esperar hasta después, y también es por eso que la respuesta automática de la campaña de atacar a los mensajeros es una mala idea. Pudiera funcionar en las primarias, pero definitivamente no funcionará después.

No me alegran los unicornios mágicos como estrategia de campaña. Pero entiendo el problema, que también es el problema que enfrenta Clinton: particularmente entre los jóvenes, ser aguafiestas no es la manera de volverse enormemente popular. Decir “no, no podemos; en el mejor de los casos, quizás un poco” no es tan inspirador para la gente que quiere una mejora. Realistamente, la frase publicitaria de hecho debería ser “No pasarán”, lo que de hecho podría ser inspirador.

Todo esto plantea un problema interesante para Clinton; quien, de ser nominada, será muy buena presentándose como la defensora de los logros del presidente Barack Obama. Hasta entonces, ¿puede intentar igualar a Sanders en inspiración? Probablemente no, porque no sería sincera, y se notaría. Es una veterana de muchos años de la guerra partidista, del vilipendio personal, de ver lo difícil que es el cambio positivo (y sí, algo de eso también aplica a mi persona, aunque ni remotamente en el mismo grado). Ella no va a poder prometer magia sin ser obviamente falsa. Sanders, por otro lado, probablemente cree en lo que dice; el crudo despertar todavía está por delante.

Clinton probablemente obtendrá la candidatura; en parte porque los votantes afroamericanos, mucho más que los jóvenes blancos, saben muy bien lo difícil que es lograr el cambio. Al menos hasta el momento, las encuestas de opinión no muestran que Sanders esté haciendo grandes avances en la votación de los grupos minoritarios. Y, como lo dije, Clinton de hecho está muy bien posicionada para las elecciones generales.

Pero ahora entiende usted el problema. Son tiempo difíciles para los progresistas que no creen en la magia.