Analistas

Hollande toma una ruta equivocada

“No sacrificarás a la humanidad por un croissant d’or”. Esa fue la respuesta del economista Alan Taylor (en correspondencia) a la aceptación del Presidente François Hollande de la Ley de Say – en una conferencia de prensa el Sr. Hollande literalmente dijo que “la oferta de hecho crea la demanda” – además de a su giro, otra vez en sus propias palabras, a políticas del lado de la oferta.

Para mí, lo sorprendente, aparte de la torpeza del Sr. Hollande, es el extremo pesimismo que evidentemente ha rodeado a la élite francesa. Se pensaría que Francia es una zona de desastre. No obstante, sus números, aunque no son buenos, simplemente no son tan dramáticos.

Empecemos con el crecimiento desde la crisis. ¿Qué tan bien parada sale Francia en el contexto europeo?

No tiene un desempeño tan bueno como el de Alemania, obviamente. Pero si la comparamos con otros países europeos (incluso si excluimos a los deudores en problemas), no destaca por mal desempeño.

¿Qué hay respecto del deterioro de la competitividad? Es cierto que durante los años Francia ha registrado consistentemente déficits de cuenta corriente, pero son bastante chicos.

Y la perspectiva fiscal de Francia no parece para nada preocupante, excepto hasta el grado en que ha recortado demasiado su déficit estructural de cara a su debilidad económica. Los mercados de bonos, que entraron en pánico durante lo peor de la crisis del euro, no parecen muy preocupados en este momento.

Ahora bien, el desempeño francés definitivamente ha sido débil en los últimos trimestres. Pero,¿por qué?

Usando evidencia de encuestas, el economista Francesco Saraceno sostiene que el problema es la demanda, no la oferta. Los datos sobre la inflación también apoyan esta visión.

Francia, como gran parte de Europa, parece estar coqueteando con la deflación y corre mucho riesgo de caer en un escenario similar al de Japón. Ah, y aunque un informe del Fondo Monetario Internacional sobre este tópico intenta poner algo de peso a la “incertidumbre”, la conclusión sigue siendo que las políticas de austeridad son gran parte de la historia.

Otra vez, las cosas no están bien. Pero hay que preguntarse por qué se puede intimidar tan fácilmente a las élites francesas para que den un brusco giro a la derecha cuando en casos muchos peores, como en Finlandia y Holanda, las élites permanecen firmes en su noción de que entre peor se pongan las cosas, más comprometidos tienen que estar para infligir aún más dolor.

Las crisis brillantes
Mucha gente ha señalado que el sistema del euro ha terminado funcionando de forma muy parecida al estándar de oro (y con ello ha repetido los “grilletes de oro” que muchos historiadores económicos dicen que jugaron un papel importante en la propagació

Entre otras cosas, toda esta discusión ha marcado el comienzo de, ummm, de una época dorada para la historia económica: no se me ocurre otro momento en que la historia haya sido tan útil como guía para los eventos actuales (y para la acción actual, si tan solo escucharan los formuladores de políticas) como lo ha sido desde 2008.n de la Gran Depresión).

Y los historiadores aún tienen mucho que enseñarnos.

En un artículo reciente para The Economist, Kevin O’Rourke, economista de Oxford, volvió a visitar al estándar de oro en su apogeo de antes de 1914, y señaló que incluso bajo las condiciones favorables de ese entonces, el sistema solo funcionaba incluso pasablemente bien durante periodos de inflación.

Esto, según escribió, es aún otro motivo por el que los líderes de le eurozona deberían estar profundamente alarmados por la caída hacia una deflación general.