Analistas

Bienvenidos otra vez al oscurantismo

Muchos bloggers se están divirtiendo con el juego de cintura del senador Marco Rubio en respuesta a una pregunta de la revista GQ durante una entrevista reciente:

 

GQ: ¿Cuántos años cree que tiene la Tierra?
 
Marco Rubio: Hombre, no soy un científico. Puedo decir lo que dice la historia registrada, puedo decir lo que dice la Biblia, pero creo que es una disputa entre los teólogos y creo que no tiene nada que ver con el producto interno bruto ni con el crecimiento económico de Estados Unidos. Creo que la edad del Universo no tiene nada que ver con cómo va a crecer nuestra economía … Creo que los padres deberían poder enseñar a sus hijos lo que diga su fe, lo que diga la ciencia. Si la Tierra fue creada en siete días o en siete eras, no estoy seguro que alguna vez vayamos a poder responderlo. Es uno de los grandes misterios.
 
Como me gusta decir, el Partido Republicano no quiere simplemente echar atrás el New Deal; quiere echar atrás la Ilustración. Pero esto es lo que debería entender: cuando el Sr. Rubio dijo que la pregunta sobre la edad de la Tierra “no tiene nada que ver con cómo va a crecer nuestra economía”, se equivocó por completo.
 
Por un lado, la educación científica y tecnológica tiene mucho que ver con nuestra productividad futura – ¿y cómo vamos a tener educación científica efectiva si las escuelas tienen que dar el mismo tiempo a la visión de cristianos fundamentalistas?
 
Más generalmente, la actitud que descuenta cualquier cantidad de evidencia – ¡y vaya que si tenemos muchísima evidencia sobre la edad del planeta! – si choca con prejuicios no es una actitud consistente con una política efectiva. Si va a ignorar lo que dicen los geólogos porque no le gustan sus implicaciones, ¿cuál es la probabilidad de que acepte consejos sensatos sobre política monetaria y fiscal? Después de todo, acabamos de ver cómo manejan los republicanos informes de investigaciones que socavan su fe en la magia de los recortes fiscales: intentan reprimir los informes.
 
Tardíamente estoy leyendo “The Republican Brain”, de Chris Mooney; a decir verdad, temía que el libro fuera demasiada carne cruda para mis propias predisposiciones, y quería mantener la calma. Pero el Sr. Mooney de hecho establece un muy buen punto: las características de personalidad que asociamos con el conservadurismo moderno, sobre todo la falta de apertura, vuelven al Partido Republicano moderno fundamentalmente hostil a la misma idea de la indagación objetiva. Si quieren su opinión, le dirán cuál debe ser; los que duden de la ortodoxia no tienen por qué ser usados y, de hecho, serán perseguidos.
 
Entonces, no me río de la apología de la Tierra joven del Sr. Rubio. Si él, o cualquiera de su partido, gana en 2016, la broma caerá sobre nosotros.
 
Cómo saber que la Tierra es vieja
Una cosa que como que me hace gracia de esto de la edad del planeta y el Sr. Rubio es que lleva directo a una de mis historias favoritas de la ciencia – la fundación de la geología moderna a manos de James Hutton, que formó parte de la Ilustración escocesa.
 
Durante cierto tiempo el Sr. Hutton fue agricultor – y en esa ocupación, observando el proceso de erosión y acumulación de depósitos de varios materiales, comprendió que el paisaje que vio a su alrededor podía explicarse con las mismas fuerzas que operaban durante inmensos periodos de tiempo, siempre y cuando se postulara que había otras fuerzas que elevaban antiguos sedimentos para formar las características geológicas de ahora.
 
¿Cómo podía saber si su teoría era correcta? Hizo pronósticos; en particular, que en algunos lugares se encontrarían “inconformidades angulares”, o cuerpos estriados de rocas sedimentarias de distintas eras elevadas con relación a las demás. Y, sin lugar a dudas, las encontró.
 
Y una vez que se acepta que el paisaje que vemos fue creado por el mismo proceso que vemos todos los días, también debería aceptar la noción de un planeta muy antiguo.
 
¿Por qué me gusta tanto esta historia? Creo que porque habla de un tipo de ciencia que todo mundo debería poder entender; no se basa en instrumentos exóticos ni en matemática difícil (no es que tenga algo de malo cualquiera de éstas), sino simplemente en una observación aguda y mente abierta.
 
Es una pena que tales mentes abiertas sean tan raras en Estados Unidos ahora, al menos en un lado del espectro.