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Análisis 27/10/2026

¿Qué lecciones puede ofrecer la experiencia de Corea del Sur en la economía del hidrógeno?

Park Sun Tae
Diplomático coreano retirado y especialista en América Latina
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En los últimos años, el hidrógeno ha ocupado un lugar importante en la estrategia energética de Corea del Sur. En 2019, el país presentó su Hoja de Ruta para la Activación de la Economía del Hidrógeno y, en 2020, promulgó una ley destinada a promover esta industria y a establecer un marco para su gestión segura. El gobierno impulsó el desarrollo tecnológico, la construcción de infraestructura y la formación de un mercado inicial, con el propósito de avanzar de manera simultánea hacia la neutralidad de carbono y la creación de nuevas industrias.

Las empresas, por su parte, promovieron la comercialización de automóviles, buses y camiones de hidrógeno, y emprendieron el desarrollo de trenes y tranvías movidos por este energético, motores para embarcaciones y tecnologías de propulsión mediante celdas de combustible. La idea era aprovechar las capacidades acumuladas en sectores tradicionales como el automotor, el ferroviario y el naval para generar nuevas oportunidades industriales.

He seguido de cerca estos avances en Corea, así como los esfuerzos de Colombia por desarrollar su propia industria del hidrógeno. Corea se encuentra ahora en una etapa de balance de los logros alcanzados y de los desafíos pendientes. Considero oportuno compartir con Colombia tanto los resultados de esta experiencia como las lecciones que han dejado las dificultades enfrentadas.

La realidad y los desafíos de la economía del hidrógeno en Corea

A medida que avanzó la implementación, se hicieron evidentes varias dificultades: costos de producción elevados, pérdidas de energía durante los procesos de conversión, problemas de almacenamiento y transporte, e incertidumbre sobre la demanda. La expansión de los vehículos de hidrógeno y de las estaciones de abastecimiento tampoco alcanzó las expectativas iniciales.

Según datos divulgados en octubre de 2026, Corea cuenta con 274 estaciones de abastecimiento de hidrógeno y 481 surtidores. Es un avance considerable, aunque viene acompañado de altos costos de instalación y operación, exigencias de seguridad y dificultades de aceptación por parte de las comunidades. La experiencia ha demostrado que construir infraestructura no garantiza por sí solo la viabilidad económica si no existe una demanda suficiente y estable.

Corea ha acumulado importantes capacidades tecnológicas e industriales, pero también ha encontrado límites económicos y técnicos. Al mismo tiempo, el auge de la inteligencia artificial, los centros de datos y la industria de semiconductores está aumentando la demanda de electricidad, lo que plantea nuevos desafíos para asegurar un suministro energético limpio, estable y competitivo.

Si se tienen en cuenta la intermitencia de las energías renovables, las limitaciones de las redes eléctricas y las pérdidas asociadas a la conversión del hidrógeno, resulta necesario adoptar una visión integral que permita aprovechar distintas fuentes de generación. Esta reflexión también es pertinente para Colombia.

A medida que crezca la demanda eléctrica, el hidrógeno deberá encontrar su lugar dentro de la política energética, según su competitividad y su complementariedad con otras alternativas. El hidrógeno es una herramienta importante para la descarbonización, pero no es la solución para todos los problemas energéticos. El éxito de la economía del hidrógeno dependerá menos del volumen producido que de la existencia de aplicaciones rentables.

Cómo transformar el potencial de Colombia en desarrollo industrial

Colombia dispone de abundantes recursos renovables, en particular en la región Caribe. Tras presentar su Hoja de Ruta del Hidrógeno en 2021, el país aprobó en agosto de 2026 el documento Conpes 4210, que establece una política nacional en la materia. Entre sus iniciativas figura la elaboración de una hoja de ruta para producir fertilizantes verdes en el país, aprovechando el hidrógeno de bajas emisiones y sus derivados. También se han adelantado debates legislativos para impulsar el desarrollo del sector.

El departamento del Atlántico promueve la economía del hidrógeno a partir de su infraestructura industrial y portuaria. Valoro los esfuerzos del gobierno nacional, de las autoridades departamentales y de empresas como Monómeros, que ha venido impulsando proyectos de amoníaco verde para reducir su dependencia de la variante gris importada, una materia prima fundamental en la producción de fertilizantes nitrogenados.

Sin embargo, las oportunidades de la economía del hidrógeno no tendrían por qué limitarse a las regiones costeras. Las ciudades industriales del interior también pueden explorar sus posibles aplicaciones y, en las zonas donde las redes de transmisión eléctrica son insuficientes, podría evaluarse su uso para la generación distribuida, siempre que exista una justificación económica.

Al observar estas iniciativas, me parece pertinente plantear una pregunta de fondo: ¿a qué mercados se pretende atender, quién realizará las inversiones, cuánto capital se necesitará, qué instalaciones deberán construirse y en qué plazos?

La abundancia de viento y de radiación solar no garantiza por sí sola la competitividad industrial. Es indispensable articular la generación renovable y las redes de transmisión con la producción, el almacenamiento y el transporte del hidrógeno, así como con las industrias consumidoras y la infraestructura logística. Los sectores de fertilizantes y productos químicos pueden ser mercados iniciales, pero su viabilidad económica debe examinarse con rigor.

En particular, valdría la pena que Colombia prestara atención no solo a la generación de energías renovables y a la producción de hidrógeno, sino también al desarrollo de industrias capaces de utilizarlo. Lo fundamental es identificar en qué actividades puede emplearse de manera competitiva y cómo desarrollar los mercados que sustenten esas aplicaciones. La economía del hidrógeno no es simplemente un proyecto de desarrollo energético, sino también un desafío de política industrial que exige diseñar y consolidar un ecosistema productivo.

El papel del Estado y las oportunidades de cooperación entre Colombia y Corea

La experiencia coreana muestra que la economía del hidrógeno difícilmente puede desarrollarse mediante esfuerzos aislados de empresas o entidades públicas. Requiere una estrecha coordinación entre los sectores de energía, industria, transporte, medio ambiente, ciencia y tecnología, y finanzas. El Estado puede cumplir un papel fundamental en la formación de mercados iniciales, el desarrollo tecnológico, la construcción de infraestructura y la capacitación de talento humano, creando condiciones favorables para la inversión privada.

El desarrollo de nuevos sectores productivos exige no solo grandes inversiones y tecnología, sino también experiencia en procesos de industrialización y conocimiento de los mercados internacionales. Corea ha impulsado históricamente sus industrias estratégicas combinando financiamiento público, infraestructura, investigación tecnológica y formación de profesionales. Tanto sus logros como las dificultades que enfrentó pueden ofrecer enseñanzas útiles para Colombia.

Corea cuenta con instituciones especializadas en industrialización y transición energética, con expertos que tienen experiencia en políticas públicas y con empresas que poseen capacidades tecnológicas y comerciales relacionadas con las aplicaciones del hidrógeno. Sería valioso que Colombia explorara de manera activa oportunidades de cooperación con estos actores.

Esta cooperación no tendría por qué limitarse a la construcción de instalaciones. Ambos países pueden intercambiar conocimientos y experiencias en materia de políticas públicas, desarrollar investigaciones conjuntas, promover la cooperación tecnológica y explorar nuevas oportunidades industriales y comerciales.

La energía eólica costa afuera es otro ámbito estrechamente ligado a esta perspectiva de desarrollo del hidrógeno.

Colombia ha iniciado el proceso de adjudicación de permisos de ocupación temporal de áreas marítimas para sus primeros proyectos de energía eólica costa afuera, una iniciativa pionera en América Latina.

En el futuro, la electricidad generada por estos parques podría destinarse a la producción de hidrógeno de bajas emisiones. Para ello, sin embargo, habrá que considerar de manera conjunta las instalaciones de generación, las redes de transmisión, los electrolizadores, la infraestructura de almacenamiento y transporte, y las industrias consumidoras.

Si bien las empresas europeas tienen amplia experiencia en la fabricación de aerogeneradores y el desarrollo de parques eólicos marinos, Corea también ha acumulado capacidades competitivas en cables submarinos, subestaciones eléctricas y estructuras de soporte para instalaciones costa afuera. Además, ha enfrentado desafíos relacionados con los permisos, la aceptación de las comunidades y la conexión a las redes eléctricas. Estas experiencias abren oportunidades adicionales para el intercambio de conocimientos técnicos y de políticas públicas entre ambos países.

Lo esencial es que Corea y Colombia conozcan a fondo sus respectivas fortalezas y condiciones industriales, y trabajen en la identificación de iniciativas de cooperación que sean realmente viables.

Espero que los esfuerzos de Colombia por desarrollar la economía del hidrógeno trasciendan el aprovechamiento de sus recursos renovables y contribuyan a crear industrias competitivas y nuevas oportunidades de empleo.

Confío, asimismo, en que Corea y Colombia puedan consolidarse como socios capaces de construir juntos nuevas oportunidades de desarrollo industrial y transición energética.

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