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Analistas 04/09/2021

¿Qué es lo que vale la pena medir?

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Ante tantos retos y tendencias que la educación superior vive, es importante que respondamos a la pregunta por el valor que esta tiene desde su tarea de generar, gestionar y apropiar el conocimiento que produce a través de sus diferentes funciones. Se trata de un interrogante clave que no puede dejarse abierto en un contexto donde el conocimiento se ha convertido en la palanca de acción para todas las dimensiones del desarrollo humano y social sostenible. La importancia del conocimiento generado recae en su apropiación social, es decir, en la medida en que responde coherentemente a las necesidades de la sociedad. Se requieren otras maneras de evaluar el conocimiento construido por la comunidad académica de las Instituciones de Educación Superior (IES).

No basta que una IES tenga un sistema general de investigaciones, y con ello, el sustento que permita su desarrollo en perspectiva de productividad, con actores tales como grupos y semilleros de investigación, investigadores, y aspectos que involucran la producción académica y científica, la creación, innovación y el desarrollo tecnológico, la visibilidad y demás mecanismos que aseguren una acción clara de la función sustantiva de la investigación. El juicio que se hace, a través de los sistemas de evaluación de la calidad de las IES, aún está atado a viejas fórmulas que pretenden valorar lo que se genera de conocimiento mediante publicaciones que cumplen altos estándares en el sector, es decir publicaciones de nivel científico superior, de alto impacto y con un reconocimiento internacional, y no al verdadero impacto social que el conocimiento debe producir en pro de la transformación humana y social. Sabemos que medir el impacto del conocimiento producido en el mundo real no es fácil, pero tampoco podemos seguir cayendo en el lugar común de la evaluación, y por ende de la visión tradicional de calidad y excelencia de las IES del sistema educativo colombiano.

Distraernos con elementos que determinen la calidad solo a partir de métricas (por ejemplo, rankings universitarios) y no de lo que verdaderamente contribuye el conocimiento generado a las transformaciones de un mundo que clama por desarrollos de justicia, paz, equidad, movilidad social y bienestar para todos sería lamentable y dejaría a las IES en una posición de inconsistencia e incoherencia frente a sus propósitos. Todo lo anterior nos invita, como ecosistema educativo nacional, a preocuparnos más por construir un camino investigativo que sea relevante para las dinámicas de construcción social de las comunidades y territorios (entornos reales) donde actuamos como IES. No es sencillo lograr ese cambio, pero el esfuerzo por reformar el sistema se está haciendo con el concurso de nuevas iniciativas propuestas por los entes gubernamentales, pero también con iniciativas surgidas en el seno de las IES y su comunidad académica que buscan otras formas de medir y evaluar el impacto investigativo.

Experiencias y propuestas a nivel internacional como las del Global Research Council y el marco Research Quality Plus del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (Idrc) invitan a repensar las formas en que se evalúan los resultados de generación y apropiación del conocimiento. El cambio de criterio evaluador de la investigación en perspectiva de relevancia frente a necesidades locales, regionales y globales, y el involucramiento de las comunidades, es una oportunidad para obtener un mayor impacto social. Esto evidentemente nos desafía a transformar nuestros modelos de ser IES. Nuestra idea de institución del conocimiento debe cambiar para incluir formas alternativas de crear, comunicar y hacer uso del conocimiento. Arraigarse en las necesidades de conocimiento de las personas, las comunidades y los territorios, y co-construir con ellos, involucrándolos en procesos interactivos de investigación y proyección social, son fundamentales para convertir nuestros sistemas investigativos en una realidad abierta más allá de la propia vida académica.