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Analistas 27/02/2021

El liderazgo educativo fortalecido con los aprendizajes de la crisis

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Ante el embate complejo que deja esta crisis por la pandemia, pero también sumado a los retos que enfrentaba ya el sistema educativo en el mundo y en nuestro país, nos hemos sentido llamados a un proceso de aprendizaje inmediato y flexible, haciendo una evaluación de qué funcionó bien con respecto a las capacidades instaladas de las Instituciones de Educación Superior (IES), cuáles eran las oportunidades de mejora, y qué definitivamente podría quedar su gestión para funcionar con mayor eficiencia y eficacia. La capacidad de respuesta que tuvieron y siguen teniendo las IES en la prestación, con calidad, de sus servicios, han llevado a que estas adopten maneras innovadoras, disruptivas, flexibles y resilientes que en otros tiempos tal vez no habrían sido capaces de asumir.

No cabe duda alguna que los cambios que se implementaron con diferentes grados de éxito y compresión para toda la comunidad académica dependieron de un liderazgo capaz de combinar la gestión y la visión. Es decir, la capacidad de los líderes para hacer transitar a la institución por situaciones de resistencia y reactivación, pero también de transformación, en reimaginar y en reformar la tarea tan desafiante que tenemos hoy de educar para un mundo global, virtual, digital, y para un mundo del trabajo que conlleva a la economía del conocimiento. Este equilibrio entre gestión y visión dará ocasión para que las IES respalden y empoderen a sus líderes.

Las misiones sustantivas de las IES serán siempre el camino indicado para que el conocimiento producido sea la oportunidad de cambio de las comunidades con las que interactúan. En este sentido, es claro que la realidad vivida de esta pandemia, con todas las acciones o prácticas de la gestión, nos ha llevado a tener más claro que la manera cómo se organicen las IES en términos de estructura deberá permitirles promover una institucionalidad mucho más ágil, flexible, y muy directamente relacionada con la innovación. Finalmente, será una institución más dada a los resultados que a los mismos procesos, independientemente de lo importantes que estos sean. Los actores de las IES están cada vez más familiarizados con la toma simplificada y gerencial de decisiones, con la comunicación clara y directa, y con las realizaciones oportunas.

Este liderazgo, requerido hoy por hoy en la gestión de las IES, debe ser empático, es decir, que sea capaz de delegar autoridad y responsabilidad a los miembros del equipo, y de entender al otro, en su pensar, en su sentir, en su actuar. Es ese liderazgo que, al mismo tiempo que promueve la autonomía, genera menos barreras en la ejecución de las acciones, y que, en la medida en que se presentan conflictos, es capaz de solucionarlos de modo eficiente. Un liderazgo así definido apostará por una buena gobernanza, que permitirá mejores intervenciones en los equipos de trabajo, y en el colectivo institucional, y que hará posible la toma de decisiones más acertadas en pro de la misión encomendada. Finalmente, este aprendizaje nos llama a construir unas IES que ya no pueden volverse atrás con comportamientos “paquidérmicos”, sino por el contrario, instituciones mucho más ágiles, con capacidad de respuesta a las necesidades de su comunidad académica, especialmente de sus estudiantes, pero también de la sociedad a la que sirven y que esperan de estas soluciones a través de la generación o apropiación del conocimiento. Hacer la tarea con mayor rapidez es a lo que este mundo de incertidumbres nos invita, precisamente porque las oportunidades de creatividad e innovación están en la agenda de estos tiempos, que nos exigen cambios profundos para enfrentarlos. En este contexto, todo lo que tenga una interpretación burocrática, a procesos engorrosos tenderá a desaparecer, ya que el mundo demanda una implementación de acciones rápidas para abordar los desafíos del cambio.

La realidad de una pandemia como la que hemos vivido, pero también de cualquier crisis que enfrenten las IES en el tiempo, constituyen oportunidades únicas para generar y poner en marcha un liderazgo que movilice cambios rápidos e influyentes, orientados al desarrollo de las funciones sustantivas, pero de manera especial, en resultados de los aprendizajes de sus estudiantes.