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Analistas 29/01/2021

Educación y empleabilidad

Las nuevas tendencias educativas en el mundo y la aceleración del cambio en las metodologías de educación a raíz del covid-19 revelan la necesidad de transformación inminente en las instituciones educativas, en particular aquellas enfocadas en poblaciones más vulnerables.

Cómo deberán adaptarse dichas instituciones para enfrentar retos de cobertura, retención, regulación, transformación del aprendizaje a través de la tecnología y cambio en las metodologías de enseñanza, entre otros, es lo que debe preocupar a la política pública dirigida al sector de la educación superior, a sus estamentos y a su institucionalidad. Sin lugar a duda, en medio de los estragos que ha dejado esta crisis de la pandemia, también es cierto que hay elementos positivos que cambian el futuro de la educación terciaria. ¿Qué implicaciones tienen estos cambios al futuro? ¿Cómo podemos ayudar a acelerarlos y que se mantengan relevantes?

Lo que esta realidad ha provocado es la aceleración de algunas tendencias que se observaban ya antes de la pandemia, y que seguramente perdurarán una vez sea superada la crisis. En primer lugar, es evidente que nos estamos enfrentando un posible cambio en el paradigma educativo. Surge la necesidad de contar con un modelo que sea capaz de “optimizar el uso de la tecnología y garantizar realmente la equidad, el bienestar y la calidad del aprendizaje”. Este debe plantear “una visión para un enfoque educativo que permita prosperar a todos los alumnos y les dote de capacidades y habilidades para afrontar las ambigüedades y el cambio”, y debe nutrirse “de lo mejor de los enfoques tradicionales, las prácticas innovadoras y los conocimientos del aprendizaje en remoto para dar forma a modelos de aprendizaje híbrido nuevos, flexibles y ágiles”. Es así como toman relevancia los modelos de aprendizaje híbridos que ofrecen oportunidades para combinar lo mejor del aprendizaje remoto, con componentes digitales, y el aprendizaje en situ o presencial. Ello significaría cambios sustanciales en las dinámicas de enseñanza-aprendizaje, en la verificación del logro de los aprendizajes esperados mediante modelos de evaluación transformados, así como en los ambientes de aprendizaje requeridos y en las prácticas pedagógicas y didácticas asociadas a esta nueva realidad. Se esperaría entonces que las fronteras entre las modalidades de la oferta académica tiendan a diluirse o que las modalidades se combinen atendiendo más a las características propias del área del conocimiento o del nivel de formación del programa, de las metodologías de estudio, o del estudiante en sí.

De este último elemento, se desprende la siguiente tendencia que cobra vital importancia en la discusión actual. Se trata del aprendizaje centrado en el estudiante, que debe generar capacidades o habilidades de autoaprendizaje (aprender a aprender), y que reconoce que cada estudiante tiene potencialidades, intereses y contextos particulares a valorarse a favor de su formación. Lo anterior se traduce en la transformación de los modelos de educativos masificados y estandarizados para enfocarlos en modelos simplificados, orientados a los resultados del aprendizaje a partir del reconocimiento de cada persona como proyecto de vida, y enfocados al desarrollo de competencias para el trabajo y para la vida, y para reinventarse en el tiempo.

Por ese motivo, es necesario la revisión permanente de los planes de estudio, del contenido curricular, de las competencias a desarrollar y de los perfiles de egreso de la oferta académica de las Instituciones de Educación Superior (IES) para mantener todos estos elementos actualizados, de forma tal que atiendan con pertinencia las demandas del sector productivo, incidiendo en la movilidad social y económica de los egresados mediante su empleabilidad o capacidad de emprendimiento. En esa revisión permanente de la pertinencia de la oferta académica resultan valiosos los análisis sobre la información disponible en el Observatorio Laboral para la Educación frente a la trayectoria de los graduados de la educación superior en el país en aspectos cualitativos, de inserción laboral y de generación de ingresos.