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Analistas 11/03/2022

¿Quién manda a quién?

Óscar Díaz Martínez
Presidente de la Junta Directiva de Acipet
Analista LR

Para iniciar, tomaré apartes del libro “The New Map” de Daniel Yergin, Premio Pulitzer.

Hoy en día Rusia es uno de los tres grandes productores de petróleo, el segundo productor de gas natural después de los Estados Unidos y el primer gran exportador de petróleo y gas. Las ganancias producto de las exportaciones de gas y petróleo significan 45% del presupuesto del gobierno, y 30% del PIB. Esto muestra su dependencia económica de los combustibles fósiles y de la necesidad (o no) de contar con una matriz energética balanceada.

De otro lado, Ucrania ha sido conocida como la pequeña Rusia, y el principal punto de discusión por parte del Gobierno de Putin es aceptar que ellos formen parte de la UE. El pertenecer a la Otan destruiría el sueño de Putin de construir la Unión Euroasiática, con intereses económicos comunes bajo el liderazgo de Moscú, un asunto que para Ucrania es una total contradicción, dado que no se podría pertenecer a dos sistemas “cien por cien exclusivos”.

Otro dato en esta ecuación, es la dependencia de la UE del gas. Su matriz energética indica que, cerca de 25% del consumo lo constituye este combustible fósil y casi la tercera parte proviene de Rusia. Las demás fuentes de gas provienen del campo Groningen en Holanda, del Mar del Norte en Gran Bretaña, de Noruega (no forma parte de la UE) y el resto con el aporte de África.

De lo anterior, no es de sorprender como Rusia se haya posicionado en una ficha clave en el suministro de gas para Europa y por qué la importancia de los gasoductos que atraviesan Ucrania. En este sentido, Ucrania solo reconoce una tercera parte de la tarifa del gas que se le cobra a Europa.

Dicho de otra forma, estos gasoductos son como “la joya de la corona” para Ucrania, no solo por el tema de precios, sino porque son un mecanismo de presión en contra de Rusia, dado que es el medio para que el gas de Rusia llegue a Europa. Es así como los gasoductos Nord Stream, a través del mar báltico hacia Alemania; Yamal-Europa, a través de Polonia; Blue Stream, a través del mar muerto hacia Turquía, son de las jugadas maestras de Rusia para llevar gas a Europa sin pasar por Ucrania.

Por tanto, el conflicto entre Rusia y Ucrania, más que un tema económico se traduce en razones geopolíticas. El permitir que Ucrania forme parte de la Otan destruye el sueño de Putin de reunificar económicamente los países, que en el pasado formaron parte de la Unión Soviética y por tanto convertir a Rusia en una potencia mundial en temas energéticos.

La caída de los precios del petróleo y ser un actor importante dentro de la Opep+ con liderazgo conciliatorio, vender los gasoductos que se construyen hacia Europa como una forma de garantizar la seguridad energética, la relación cercana económica y comercial con China, el mayor consumidor mundial de combustibles fósiles y su foco en los países africanos como potencial mercado, lo han convertido a Rusia en una potencia energética.

Sin embargo, la situación con Ucrania es inaceptable desde todo punto de vista. Las vidas humanas están pasando a un segundo plano, por forzar una estrategia rusa. Esta situación es como el papá enseñándole al hijo rebelde “quién manda a quién”, y en donde los vecinos no se deben involucrar así se evidencie violencia intrafamiliar.

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