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1999-2019: la revolución energética

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Hace 20 años el panorama de Colombia era oscuro. El producto interno bruto se desplomaba en más del 4% produciendo la mayor recesión económica de la historia; las familias estaban sobre endeudadas; y la crisis de las grandes potencias produjo la salida de capital. Además, el desempleo y las tasas de pobreza e indigencia llegaban a picos históricos.

En cuanto al gas natural, 157 municipios tenían acceso a este combustible que beneficiaba a 1,9 millones de usuarios, y el gas natural vehicular (GNV) apenas empezada a ser visto como una oportunidad de movilidad sostenible y competitiva. Para esa época, tan solo un poco más de 5.000 vehículos usaban GNV.

Los tiempos han cambiado, y así queda expresado en el vigésimo informe de Promigas. El año pasado se registró un crecimiento económico del 2,7%; el desempleo se mantuvo en un dígito; la pobreza ha reducido en más de 20 puntos, y la confianza inversionista extranjera ha aumentado, llegando a ser casi 10 veces más alta que hace 20 años.

Hoy, el acceso a la información es más fácil, la calidad de vida es más alta y las empresas usan la tecnología para alcanzar nuevos mercados. Algo importante: hoy los colombianos tienen mayor conciencia ambiental y exigen soluciones sostenibles.

La actividad exploratoria de gas y petróleo ha sido una montaña rusa desde entonces. Hace 20 años teníamos actividad exploratoria en 20 pozos; hace 10 años, en 75, y el año pasado tuvimos tan solo en 48. Algo similar ha ocurrido con la actividad sísmica que tuvo su pico en 2009 y hoy es mucho menor que la de 1999.

Tenemos que avanzar. Con la mano del Estado, esperamos aprovechar el gas del mar Caribe y de los yacimientos convencionales y no convencionales. Si bien tenemos la posibilidad de importar eficientemente el gas natural, la estrategia debería enfocarse en los beneficios del potencial nacional: regalías, impuestos, empleo, mejores precios y encadenamientos productivos.

Además, el país tiene todo listo para transportar ese gas. En los últimos años, la red de gasoductos de transporte del país ha crecido en cerca de 2.800 kms, y a mediano plazo tendremos nuevas inversiones en infraestructura cercanas a los US$1.300 millones.

Si bien la masificación del gas natural inició en los años 80, en los últimos 20 años ha aumentado su competitividad y cobertura a grandes niveles.

El año pasado 9,5 millones de hogares, comercios e industrias en 741 municipios se beneficiaron del gas natural, y estimamos que para finales de 2019 tendremos conectados cerca de 360.000 nuevos usuarios, incluyendo familias de bajos recursos (casi 5 veces más que hace dos décadas).

El GNV creció aún más, 583.000 vehículos se han convertido, haciendo uso de las más de 800 estaciones de carga. En transporte público de pasajeros, camiones, volquetas y recolectores de basura llevamos más de 1.000 vehículos dedicados. A esto hay que sumarle los 210 tractocamiones que entrarán próximamente.

Está demostrado que cada vez más personas son conscientes de que el gas natural representa disminuciones muy significativas en material particulado fino, óxido de azufre, óxidos de nitrógeno y dióxido de carbono, contaminantes que afectan nuestra calidad de vida.

Con todos estos beneficios y con la necesidad social de llevarle un combustible limpio a quienes aún cocinan con leña, y a las industrias que generan energía con carbón, seguiremos avanzando y modernizándonos para que en 2039 sigamos aportando a la equidad y competitividad del país.

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