.
Analistas 24/01/2026

Daltonismo ideológico

Obdulio Velásquez Posada
Director general de Inalde Business School

Colombia no necesita más volumen, sino más claridad. En un ambiente polarizado, la claridad suele confundirse con agresividad: se habla como si la firmeza exigiera herir, como si tener convicciones obligara a negar la dignidad del otro. Ese desvío, cada vez más frecuente, puede describirse como daltonismo ideológico: la incapacidad de distinguir matices cuando la conversación se llena de emociones, etiquetas y bandos.

Un líder con daltonismo ideológico termina viendo el país en dos colores. Desde ahí interpreta cualquier desacuerdo como amenaza, convierte la deliberación en combate y vuelve sospechoso al contradictor. Es un atajo emocional que simplifica todo, pero que cobra caro: la polarización no se queda en la plaza pública. Entra a las organizaciones, contamina equipos, rompe confianzas y hace estéril la conversación estratégica. Y cuando eso ocurre, lo que se deteriora no es solo el clima laboral; se deteriora la capacidad misma de gobernar.

En este contexto, la pregunta no es si los empresarios y directivos debemos participar del debate público. La pregunta es cómo. La luz ilumina o enceguece. El fuego calienta o quema. De esa diferencia, que no es menor, depende si el liderazgo orienta y construye, o si alimenta pasiones que luego nadie gobierna, porque ya no se ven matices: solo bandos.

Por eso, la responsabilidad social no empieza en informes y campañas sino en la persona: en el lenguaje que elige, en la templanza que practica, en la justicia cotidiana con la que trata a otros. Y esa responsabilidad, cuando es real, se nota en decisiones concretas, especialmente en coyunturas tensas.

No menos importante son los equipos de trabajo. Conservar talento clave, evitar la parálisis y proteger la cohesión no se logra con consignas, sino con conversaciones difíciles y justas, a tiempo: decir lo que hay que decir, escuchar lo que incomoda y cuidar la confianza en medio de la presión. Y cuando el momento exige el máximo nivel de criterio, este no se terceriza: se escucha, se contrasta y, finalmente, se asume la responsabilidad de las decisiones.

El país tiene señales complejas: algunas positivas, otras inciertas. Precisamente por eso, el arte consiste en ser luz que ilumina un mejor futuro y no fuego pirómano que incendie las pasiones. Independientemente de la posición política, debe primar el respeto por el otro y la construcción conjunta. La clave es esa: construir, transformar y buscar el bien del país, empezando por lo único que cada uno gobierna de verdad: su propia manera de actuar.

En tiempos de daltonismo ideológico, la primera responsabilidad es recuperar los matices: mirar al otro sin reducirlo, discutir sin deshumanizarlo, liderar sin incendiar. Todas las personas que actúan con bondad y propósito, y en particular aquellas con influencia sobre organizaciones y comunidades, estamos llamadas a ser luz: a iluminar con criterio, a dar dirección con templanza, a sostener la esperanza sin ingenuidad. No para “ganar” conversaciones, sino para elevarlas; no para alimentar hogueras, sino para cuidar el calor humano que permite construir. Colombia no se arregla a gritos: se encamina cuando cada uno decide, en lo concreto, iluminar más de lo que quema.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 12/03/2026

La cartografía de las crisis

Así las cosas, es nuestro deber mapear las situaciones más complejas desde los lugares donde tristemente se den hasta Latam, Colombia y nuestros hogares

ÚLTIMO ANÁLISIS 12/03/2026

El costo de elegir

Debemos entender la diferencia entre costos y sacrificios. El sacrificio suele convertirse en una narrativa emocional que nos permite sentirnos víctimas de nuestras propias decisiones

ÚLTIMO ANÁLISIS 11/03/2026

El irrespeto como modelo de negocio

Lo que pasa con Claro y otras compañías no es un “descuadre operativo”. Es un modelo de relacionamiento basado en el desgaste del cliente: llamar hasta que ceda