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RSE, también en Buen Gobierno

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Algunos empresarios consideran que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y el Buen Gobierno Corporativo son aspectos independientes en la gestión de las empresas. Desde el punto de vista de ellos, la RSE se refiere solo a la relación de la empresa con la sociedad, en aspectos tales como el medio ambiente o iniciativas sociales, mientras que el Buen Gobierno lo circunscriben a las relaciones entre los gestores y los accionistas.

Es un error. RSE y Buen Gobierno deben ir unidos. Lo que en realidad debemos hacer es aplicar un criterio de gestión integrada, en el que los objetivos económicos y financieros de las empresas se establezcan en función de los criterios de RSE y de Buen Gobierno; y a la inversa. Debemos tener una visión global de nuestras organizaciones. De lo que se trata, en definitiva, es de que todos los conceptos se interrelacionen entre sí. De esta forma, mantendremos la coherencia entre la estrategia, la gestión de la organización y la percepción que la sociedad tiene de nuestra marca. 

Desde mi punto de vista, resulta obvio que la RSE y el Buen Gobierno no son solo una demanda social, sino una necesidad empresarial para generar valor. Ello es así porque una marca sostenible se construye con los valores éticos de la empresa. En este sentido, la RSE y la Buena Gobernanza no son exclusivamente unos hábitos de gestionar bien  la empresa, sino el reflejo del sistema ético y los valores de las organizaciones empresariales y, como tales, influyen directamente en el valor y la reputación de la marca. Cuando estos valores éticos están alineados con la gestión, los grupos de interés (accionistas, colaboradores, proveedores, clientes, Administración…) no sólo lo perciben, sino que lo premian. 

Según avancen las legislaciones, integrar la RSE y el Buen Gobierno será cada vez más necesario. En España, la ley de Sociedades de Capital y el actual Código de Buen Gobierno están en proceso de revisión. Según las previsiones, a partir de 2015 tendremos nuevas normas para las empresas en Bolsa, en las que se pasará de la recomendación a la obligación. Es decir, del principio de ‘cumplir o explicar’ a la ley.

¿Cómo afectará a las empresas en Latinoamérica? En América Latina contamos con distintas recomendaciones en RSE. Entre las más destacadas, los Lineamientos de CAF, los códigos de gobernanza del Banco de Desarrollo de América Latina y los fundamentos de Gobierno Corporativo de la Ocde. Los principios de estas entidades  constituyen una referencia internacional, tanto en el sector privado como en la Administración.

El Código de Buen Gobierno de España, y los principios de RSE que lleva asociados, no tienen la calificación de normativa para las empresas latinas, pero es una tendencia que progresivamente se irá extendiendo al resto de los países. Además, con la globalización, las multilatinas y las empresas españolas están estableciendo vínculos y relaciones que derivarán en lo que definimos como el Espacio Empresarial Iberoamericano, en el que los empresarios debemos compartir un sistema de valores.

Que se está empezando a configurar un espacio común empresarial lo demuestra la participación de los consejeros latinoamericanos y españoles en empresas a ambos lados del Atlántico. Basta analizar el X Informe de Buen Gobierno y Accionariado, que Inforpress realiza conjuntamente con el Iese, socio en este proyecto y que precisamente presentamos  públicamente hoy, en Madrid.

Este estudio muestra que el peso de los asesores latinoamericanos en los consejos de las 35 empresas del índice Ibex-35 ha aumentado en 43% en el último año. En términos absolutos, el número es todavía reducido, sólo diez, pero muestra una tendencia creciente y es producto del desarrollo de un espacio empresarial iberoamericano, en el que las empresas de ambos lados del Atlántico están interrelacionando.

Uno de estos consejeros es, precisamente, María Fernanda Mejía, presidenta de Kellog Latinoamérica y consejera independiente de la aerolínea anglo española, IAG. O el caso del mexicano Valentín Diez Morodo, que en diciembre recibirá el galardón Enrique V. Iglesias por su espíritu de integración iberoamericana. Diez Morodo es consejero en México de las filiales de Telefónica, OHL o Zara, y en España de Bodegas Vega Sicilia y del propio Museo del Prado. Ellos son no sólo un ejemplo de internacionalización de los Consejos de Administración, sino de buenas prácticas empresariales y RSE.

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