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Analistas 11/10/2021

Necesitamos más mujeres empresarias

Núria Vilanova
Fundadora ATREVIA

Hace un mes, el Rey de España entregaba el premio Enrique V.Iglesias del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica a Ana Botín, presidente del Banco Santander. Primera mujer en recibirlo; primera mujer de su familia al frente una entidad con 80.000 empleados y 59 millones clientes y una mujer comprometida con el avance de las mujeres empresarias. Un aspecto vital en la etapa en la que nos adentramos.

El punto de partida es indiscutible: Aunque las mujeres ya eran parte de los grandes líderes iberoamericanos, la pandemia ha demostrado que los países y las empresas lideradas por mujeres han afrontado mejor esta emergencia. Está claro que el mundo necesita visiones diferentes, y la que aporta la mujer en los órganos de decisión es esencial porque muchas veces -hablo por experiencia- al no haber patrones a seguir, tenemos mayor libertad y capacidad creativa.

Todo ello cuando esta crisis ha generado dos clases de empresas: las confiables, que han estado a la altura de las circunstancias y han tenido sensibilidad, y las no confiables. Paola Luksic, empresaria chilena, afirma que “ya no basta con ser la mejor empresa del mundo. Hay que ser la mejor empresa para el mundo”. Y yo añado que para eso necesitamos apostar por las mujeres. Es justo, inteligente y añade valor a la empresa.

Seamos positivos. Algo está cambiando. Antes, habitualmente, en las empresas familiares se excluía a las mujeres de la toma de decisiones, que pasaba a hermanos o cónyuges. Hoy, tenemos el ejemplo de Isabel Noboa, una empresaria y filántropa que ha convertido la Corporación Noboa en un gran holding de Ecuador; o el de las hermanas Arias en Perú, que rescataron dos minas de la quiebra. Y, en el sector de la innovación tenemos a Blanca Treviño, presidente de Softtek y primera mujer miembro del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, desde entonces denominado Consejo Mexicano de Negocios.

Las empresas cotizadas también avanzan. Hace 15 años, en España, solo 7% de los miembros de los consejos de Administración eran mujeres. Hoy son más de 30% y el objetivo es llegar a 40%. Para conseguirlo, medimos y comparamos ese avance, estimulando la competitividad y generando una presión social que ha actuado como palanca de cambio.

Pero no seamos ingenuos. También hay amenazas a ese avance. Citaré cuatro. La transformación digital, pues menos de 30% de los estudiantes Stem de Latinoamérica son mujeres, aunque pronto generarán 75% de los empleos. La inteligencia artificial y el sesgo en los algoritmos que diferencian los tags asociados a hombres -negocios, innovación, empresa…- y mujeres -hogar, familia, ama de casa…-. La economía informal, a la que pertenecen hasta 30% de las empresas de la región y en la que mayoritariamente trabajan mujeres sin ningún tipo de protección social. Y la violencia contra las mujeres. Más allá del intolerable maltrato físico y psicológico, existe una presión social que provoca situaciones como que, en la vuelta a normalidad, primero regresen a sus trabajos los hombres porque las mujeres tienen que cuidar a los niños.

Aprovechemos el momento histórico. La guerra comercial entre China y EE.UU. beneficia a México y al sur del continente; el precio de las materias primas sube, y Latinoamérica cuenta con importantes recursos naturales y con un bonus demográfico de población joven cada vez mejor formada. A ello sumemos, como dice una amiga, que “el mundo cambiaría si cada día una mujer hiciera una cosa buena por otra mujer”. Imagínense si eso lo hicieran cada mujer y cada hombre.