México: los empresarios lanzan el mayor reto

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Mucho se habla de la colaboración pública y privada. Pero pocas veces hemos visto un reto que pueda marcar la diferencia en un país del calibre de México. Carlos Salazar, querido y admirado amigo, en su toma de posesión como presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), lanzó al presidente López Obrador una propuesta: acabar juntos con la pobreza extrema en seis años.

Ante la preocupación del mundo empresarial sobre si sería posible hallar vías de diálogo con el Gobierno, el nuevo representante de las compañías lidera un proyecto rompedor que sitúa al poder político y al empresarial en la posibilidad de marcar un antes y un después. La clave: la unión. Gobierno y empresa juntos por el bien común. Salazar va más allá de la RSC y crea otra dimensión. Si había dudas sobre si era posible el entendimiento, nos sitúa en un marco donde el avance es estratosférico: ya no se trata de diálogo sino de trabajo codo a codo. El fin lo merece.

Sus palabras abren una nueva era. La Presidencia estuvo precedida por momentos de tensión entre el entonces candidato y el entorno empresarial. Desconfianza mutua y preocupación. Amenazas sobre cambios radicales en política económica plasmados en la decisión de paralizar el nuevo aeropuerto, pese a las inversiones millonarias. Una campaña de un grupo empresarial con el lema “Así no” afeando la actitud del candidato. La preocupación sobre si empresa y gobierno serían capaces de un proyecto común.

El nuevo presidente de CCE, que ha logrado el voto unánime del mundo empresarial, se ha fijado como prioridad, en un primer discurso que marca época, establecer vías de diálogo con López Obrador y “proponer más que reaccionar”. Un talante de diálogo y colaboración con el que la CCE se ofrece para que Gobierno y sector privado trabajen juntos en superar un reto jamás lanzado: acabar con la pobreza extrema en un sexenio.

Y Salazar lo ha hecho reivindicando la figura de un empresario plural como la sociedad. Los hay que dirigen multinacionales y quienes regentan un humilde puesto callejero. Es injusto reducir el concepto de empresario a alguien comprometido solo con la busca del máximo beneficio. O pensar que todo depende del tamaño y que los pequeños negocios no son tejido empresarial. Empresarios somos todos, ha aclarado Salazar, desde el dueño de una tienda de abarrotes a la ‘multilatina’. Y la capacidad de crear riqueza está en manos del empresario.

Para Salazar “el empresario es un idealista: tiene un sueño, imagina sus negocios, piensa en el futuro y dedica todo su esfuerzo, tiempo, recursos y talento a hacerlo realidad”. Los políticos saben que progreso económico y bienestar social son binomio inseparable; que las empresas son motor de empleo y riqueza. Y que lo inteligente es reconocer en los empresarios a unos aliados. Contar con ellos aumenta la garantía de éxito. Y los empresarios, para sacar adelante planes que redunden en la comunidad, necesitan estabilidad política, seguridad jurídica, combate a la arbitrariedad.

A partir de ahí, gobiernos y empresarios, iniciativa pública y privada, pueden alinear metas. Porque respetando las reglas del juego y actuando con responsabilidad se supera cualquier reto. Es la ‘propuesta Salazar’. Ha sido uno de esos pocos grandes discursos que dejan huella, que nos hacen soñar que un mundo mejor es posible. Para mi compañía, Atrevia, es un honor contar desde hace tiempo con Salazar en su Consejo de Estrategia, donde compartirnos la idea del empresario como aliado del progreso social.

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