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Firmeza, moderación y alianzas para 2020

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Núria Vilanova

Acabamos de estrenar año y, más allá de polémicas de calendario, nos adentramos en la tercera década del siglo XXI. Es momento de fijar nuevas metas y objetivos, tras un 2019 que nos deja sentimientos encontrados. El crecimiento económico ha quedado eclipsado por el descontento social alimentado por la desconfianza hacia una clase política que, en gran parte del mundo, no ha reaccionado suficientemente ante fenómenos como la corrupción, la desigualdad social o la transformación digital.

Lo ola de protestas que ha recorrido el mundo es un aviso a navegantes. No todo vale. No se puede crecer a cualquier precio, agrandando la brecha social o destruyendo y poniendo el riesgo el futuro del planeta. La clave para ganar el futuro es un cambio de actitud que debe empezar por nosotros mismos y continuar en las organizaciones para las que trabajamos o asesoramos.

Una nueva actitud a la hora de escuchar a la ‘Generación Z’. Son el futuro y llevan razón cuando nos alertan de un cambio climático que cada vez crea más desastres naturales y de mayor magnitud, ya sea en África o en Australia.

Debemos plantearnos si el coste en vidas humanas, calidad de vida y recursos naturales de ese modelo es viable. También tenemos que cambiar nuestra actitud frente a la gestión del cambio. La innovación no es una amenaza; es la clave de nuestra supervivencia y la de las empresas. Solo la innovación facilitará desarrollar negocios que compensen la obligada reconversión de otros afectados por la transformación digital. Hay que movilizar todo el talento disponible.

Pero no todo depende de nosotros. Hay que tener en cuenta las claves geopolíticas que marcarán 2020. Las elecciones de EE.UU. condicionarán su política exterior y migratoria. Europa tendrá que gestionar el ‘Brexit’ y reconstruir equilibrios internos. La tensión en Oriente Medio, las tensiones comerciales con China o una Rusia dispuesta a ganar protagonismo son otros factores que pueden generar inestabilidad.

También Iberoamérica se enfrenta a un complejo escenario. A la situación de Venezuela se ha sumado la de Bolivia, que bien puede ser una oportunidad; las reformas que debe impulsar e Chile o el reto del nuevo Gobierno de Argentina de lograr credibilidad para su política económica, por citar ejemplos. A esta incertidumbre se suma una España que estrena Gobierno de coalición con un ambicioso plan social, pero con una minoría parlamentaria que complica su cumplimiento.

Este panorama de contrastes que afrontamos los empresarios en 2020 incluirá intensos debates en torno a crecimiento económico y cambio climático; innovación y mercado laboral; populismo y neoliberalismo; retos demográficos y movimientos migratorios y transparencia y ‘fake news’. Cada uno exige reflexiones distintas y renunciar a posiciones extremistas como las que atañen a guerras arancelarias, cierre de fronteras o vuelta de la censura. Cuidado con los cantos de sirena. No hay soluciones definitivas ni mágicas.

Cada reto exigirá equilibrios y acuerdos. Este va a ser un año que va a poner a prueba muchos liderazgos, tanto en el ámbito político como en el empresarial y el social. Y el éxito será para aquellos que sepan dialogar y defender sus posturas con firmeza y moderación, sumando esfuerzos y generando alianzas. Creo que la Agenda 2030 de la ONU y sus 17 ODS, compartidos por gran parte de la sociedad, son buen punto de partida para construir consensos e impulsar proyectos que generen las expectativas de progreso y confianza en el futuro que todos necesitamos.

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